Nueva Marcha del Silencio


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El 13 de septiembre de 1968 fue un día histórico aunque poco recordado. El movimiento estudiantil se hallaba en un momento poco favorable pues eran acusados de violentos y ruidosos. La opinión pública (profundamente dominada por los medios de comunicación al servicio del estado) hacían ver a las marchas que se habían llevado hasta entonces y a todos los líderes del movimiento en general como sediciosos, comunistas y sobre todo, irrespetuosos.

Las marchas hasta ese momento habían estado llenas de consignas polémicas o hasta insultantes hacia el presidente y gobierno. La parte más conservadora de la sociedad veía con malos ojos la protesta en general pero las marchas en particular. Además, las olimpiadas se acercaban a pasos agigantados y esto ponía cada vez más nervioso al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Fue entonces que el Comité de Huelga (el grupo mediante el cual los estudiantes universitarios se estaban organizando) decidió hacer un cambio radical en la estrategia: una marcha del silencio. Caminaron del Museo de Antropología al Zócalo de la Ciudad de México callados.

Sin gritar consignas, sin gritar insultos, con la boca tapada con cruces de cinta blanca. Esto representaba tanto la censura explícita e implícita que se ejercía sobre los jóvenes en ese entonces como el símbolo de que podían protestar y mostrar al gobierno que los que estaban en contra de su proceder eran muchísimos sin hacer desmanes y sin ruido.

La idea funcionó.

Ver a miles de jóvenes caminar en silencio total fue muy impresionante y ayudó a cambiar la imagen del movimiento y los jóvenes a los ojos de la gente.

Fue la última acción multitudinaria antes de la matanza del 2 de octubre.

Hoy hay una marcha que conmemora aquella. Que es su heredera directa y que tiene la misma misión que tuvieron los chavos de hace 50 años. Mostrar el poder que tiene la unión por encima del ruido, mostrar el número gigantesco de simpatizantes que conforman todo este movimiento y sobre todo probar más allá de toda duda que, una vez más, no caerán en provocaciones pues habla más el silencio que las bayonetas. 

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