¿El pesimismo destruye tu relación?

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Autor: admin publiko 17 agosto, 2021


Mario Guerra
Tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta
TW: @marioguerra

En esta segunda entrega de nuestra trilogía “El veneno está en la dosis”, hablaremos de la negatividad tóxica y cómo vivir con alguien que la padece puede ser muy destructivo para una relación. El pesimista tóxico no sólo asegura que el barco se hunde, sino que evita que nadie haga nada por rescatar lo que sea posible. Antes de buscar salir a flote, lo importante es dejar de hundirse.

¿Qué es el pesimismo?
El pesimismo se refiere a la actitud que sostiene una persona de que las cosas saldrán mal y de que es poco probable que se cumplan los deseos o objetivos de las personas sin importar lo que se haga.

Pero, ¿se puede ser “demasiado pesimista”?
Puede haber algunos beneficios reales en una dosis saludable de pesimismo. Específicamente, los pesimistas suelen estar mejor preparados para tiempos difíciles y pueden evitar riesgos que los optimistas podrían ignorar.
Un estudio de 2013 publicado en el Journal of Research in Personality encontró que los pensadores negativos también son más propensos a construir redes de seguridad, están más preparados (práctica y emocionalmente) cuando las cosas van mal y no encuentran sus visiones del mundo en crisis cuando las cosas resultan ser negativas.
Pero efectivamente en todo hay niveles y una persona podría dejar que el pesimismo, poco a poco, se apodere de su maquinaria mental y acabe por alienarlo.
De hecho hay diferentes estudios que afirman que el pesimismo es más contagioso que el optimismo y que tenemos muchos más sesgos cognitivos que nos predisponen a pensar que lo malo es más probable que lo bueno.
Para probar esto, uno de los estudios pidió a un grupo de personas hacer una lista de todas las cosas buenas que creen que les podrían pasar en ese día. Después les pidió que hicieran otra lista de todas las cosas malas que pensaban que les podrían ocurrir. Casi invariablemente, la lista de las cosas malas o negativas supera a la lista de las cosas buenas o positivas. Parece que es parte de la condición humana.
No obstante, el pesimismo extremo paraliza (por el temor al resultado), maligniza a la experiencia (como cuando alguien dice que después de lo bueno, siempre viene lo malo) y produce en muchos ansiedad y depresión.
En el extremo de este eje optimismo – pesimismo encontramos a la negatividad tóxica.

¿Qué es la negatividad tóxica?
Es un estilo de pensamiento en donde la persona se sustenta en dos pilares
“El mundo es un lugar malo o peligroso” o “El mundo está en mi contra”.
“Nada de lo que se haga cambiará eso” o “No tengo el control de nada”
Sería posible añadirle un tercer pilar que dice “Si algo malo puede pasar, pasará”.
Como ya dijimos, el pesimismo y negatividad se contagian, pero el que padece negatividad tóxica pareciera que hace un proselitismo activo a favor de las catástrofes.
Quien padece negatividad tóxica no es el que ve el vaso medio vacío, es el que dice que el líquido que contiene seguro está envenenado o que en cuanto trates de beber el vaso se romperá y te tragarás un vidrio que cortará tu esófago y morirás de una hemorragia interna.
Los efectos de la pandemia han venido a exacerbar esta condición, pues ya se vió que no eran tan rápida la salida como se había pensado, ni las vacunas tan milagrosas como quisimos creer, entonces hay quien ya añora el pasado como el mejor tiempo posible, ve el futuro muy oscuro, mientras paradójicamente manifiestan una pujante necesidad de libertad y desenfreno, evidentemente para contrarrestar lo que realmente sienten por dentro.

¿Cómo podemos identificar a una persona tóxicamente negativa?
Se sorprende cuando las cosas salen bien, pero eso no lo desmoraliza.
Ante lo bueno afirma que es la excepción o minimiza el resultado favorable, pero cuando algo sale mal ama decir “Te lo dije” o “Yo sabía”.
Incluso si algo resulta bueno, dirá “Bueno, ahorita salió bien, pero mañana quién sabe”.
“Qué bueno que te sacaste el coche en la rifa, ahora cuida que no te lo roben o lo vayas a chocar; por cierto, ¿ya sabes cuánto paga de seguro, tenencia y cuánto gasta de gasolina?”
No persigue lo que quiere porque cree que probablemente fallará.
Dirá que no vale la pena, porque ya anticipa el pobre resultado.
Siempre se concentra en lo que puede salir mal en una situación.
Y no es que no pueda pasar, lo que pasa es que sólo se concentra en eso.
Cree que los riesgos casi siempre superan a los beneficios.
Por eso no se mueve o no avanza en la vida.
Experimenta el síndrome del impostor y subestima sus propias habilidades.
Por eso no disfruta ni de sus propios logros.
Tiende a concentrarse en sus defectos o debilidades en lugar de en sus fortalezas.
Hasta parece que se justifica cuando fracasa, pero genuinamente cree que sus fracasos están mediados por un complot del universo en su contra o de menos por una infancia inadecuada de la cual ha sido víctima.
A menudo se siente molesto por el optimismo alegre de otras personas.
Esto es pura envidia de no poder sentir lo que otros sí.
Tiene un diálogo interno negativo.
Que le refuerza ya no sólo que el mundo es malo, sino que él mismo es alguien malo o defectuoso.
Asume que todas las cosas buenas llegarán a su fin eventualmente.
Y así es, pero esta creencia le impide disfrutarlas.
Le resulta más fácil vivir con lo que hay que cambiar las cosas para mejor.
Total, al final todo acabará igual, dirá.

¿Qué efectos produce en una relación?
La persona no invierte en mejorar.
Porque siente que el estado natural de las cosas es malo (esto también incluye a la relación) y que como nada de lo que se haga marcará una diferencia, no ve propósito en cambiar o reparar lo que haga falta.
Podría decirle a su pareja “Si de todos modos te ibas a enojar, por eso mejor no te dije nada”. “Para que vamos a terapia, eso no arregla nada”.
Dice todo lo que cree que no sirve, pero nunca dice que cree que sí puede funcionar.
Resulta muy frustrante para una persona sentir que su pareja podría dar más pero que está como en estancamiento.
Esto no sólo en lo afectivo, sino incluso en lo laboral, en lo profesional y hasta en los roles parentales. Es como vivir con alguien que está permanente resignado a un supuesto destino del que no puede escapar, mientras ve como su vida se desmorona.
Se genera la profecía autocumplida y el contagio infecta a la relación.
La persona tóxicamente negativa asegura que las cosas siempre están mal y que eso no puede cambiar, por lo tanto no hace nada para mejorar. Su pareja intenta ayudar pero no surte ningún efecto y la relación empeora, entonces empieza a pensar que su pareja tenía razón, que todo está mal y que nada de lo que se haga es suficiente.
Entonces el riesgo real acá es que acabes tú por abandonarte a la desesperanza. Si bien puede ser verdad que por ESA relación en particular ya no haya mucho que hacer, eso no significa que tú no tengas mucho que hacer por tí para salir de una pesadilla así. En efecto, eso implica seguir avanzando aunque el otro no quiera, pero eso no implica que le estás dejando, sino que la otra persona decide quedarse ahí.
No es poco probable que tu autoestima se pueda haber visto ya afectada por estos mensajes constantes de pesimismo y desesperanza; es algo que debe atenderse de inmediato.

¿Cuál sería la dosis adecuada de pesimismo, si es que la hay?
La que te mueve a considerar opciones y alternativas por si las cosas no van bien con el plan original.
El que valida las emociones negativas como propias de circunstancias que ocurren y no como un castigo u obra del destino o del cosmos.
Recordemos que las emociones negativas se llaman así por la cualidad que tienen de:
Llamar nuestra atención rápidamente por lo desagradables que son.
Hacernos pensar cómo salir cuanto antes de la situación para cambiar el sentir.
Tratar de evitar caer en situaciones que las puedan provocar.
Cualquier pensamiento o creencia que promueva el estancamiento en el sufrimiento, se empieza a convertir en una vivencia tóxica.

¿Qué hago si mi pareja es así?
Puede ser muy complicado tratar de hacer cambiar de punto de vista a un pesimista porque ellos se suelen ver a sí mismos como realistas y a los normales como ilusos.
Sin embargo siempre puedes hacerle ver lo importante que es para ti que remen para el mismo lado, que hagan esfuerzos compartidos para alcanzar los resultados que sean posibles.
Evita criticar su pesimismo o negatividad, pues estarías entrando en las mismas aguas de las que quieres que salga.
La ayuda profesional puede ser un camino para ambos, pero idealmente en procesos individuales.

La negatividad tóxica no es lo opuesto a la positividad tóxica; ambos son igualmente dañinos porque te alejan de la realidad y de la posibilidad de actuar.

Para saber más:
Lang FR, Weiss D, Gerstorf D, Wagner GG. Forecasting life satisfaction across adulthood: Benefits of seeing a dark future? Psychol Aging. 2013;28(1):249-61.
Smith TW, Ruiz JM, Cundiff JM, Baron KG, Nealey-Moore JB. Optimism and pessimism in social context: An interpersonal perspective on resilience and risk. J Res Pers. 2013;47(5):553-562.
Whitfield JB, Zhu G, Landers JG, Martin NG. Pessimism is associated with greater all-cause and cardiovascular mortality, but optimism is not protective. Sci Rep. 2020;10(1):12609.

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