¿Qué hago con mis conductas compulsivas y la comida?

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Autor: admin publiko 26 enero, 2021


Adriana Esteva
Especialista en Nutrición Emocional, autora de “Cuando la comida calla mis Sentimientos” y “En la comida como en la vida” y facilitadora de taller “Comiéndome mis emociones”
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Aun cuando sé que para muchas personas el hecho de subir de peso, comer de más, sentirse fuera de control pareciera ser algo muy malo y que deberían estar pudiendo manejar, hay que mirarlo más desde el para qué, desde el juicio y el por qué.
La idea es abrirnos un poco para comprender que nuestro cuerpo tiene una gran inteligencia, más allá de lo que nosotros racional o moralmente podemos considerar como bueno o malo.
Hoy vamos a poner en la mesa tres puntos que nos pueden ayudar a comprender nuestras conductas en relación a la comida y que más que darnos recetas o fórmulas, nos pueden brindar luz en cómo mirarnos y abrir posibilidades:

La restricción:
Como ya saben, la restricción activa nuestros más primarios instintos de supervivencia. La restricción nos lleva directo a la compulsión. Así que entre más nos amenazamos con que tenemos que comer menos, más estamos despertando la conducta contraria. El miedo y la amenaza nos son buenas formas de cuidarnos.

¿Qué puedo hacer?
Replantearte la idea de seguir queriendo controlar lo que comes y abrirte a la posibilidad de respetar tu propia hambre, incluyendo tu hambre emocional.

Nuestras defensas:
Los seres humanos somos seres relacionales, es decir, nos vamos formando en relación al otro (papás, cuidadores, hermanos, familia, amigos, maestros, jefes, parejas, etc.) y a lo otro (espacios, situaciones, clima, sociedad, ruidos, colores, olores, formas, creencias, etc.) y esto no es algo que podamos evitar, es parte del plan, de lo que corresponde a vivir en este planeta y en esta dimensión.
Al ser seres relacionales es evidente que lo que pase a nuestro alrededor nos va a afectar. La manera en que nos afecte va a depender de varios factores como nuestro temperamento, nuestra historia de vida, nuestras percepciones y experiencias, nuestra capacidad para gestionar nuestras emociones, nuestras defensas, habilidades, creencias, la situación que estemos atravesando, los recursos o apoyos que tengamos, nuestra edad, valores, entre otros.
La pandemia, es un evento prácticamente nuevo para cualquiera, ninguno de nosotros habíamos vivido algo así y a todos nos ha afectado de diferentes formas y nos ha despertado diversas emociones, entre las que más sobresalen podrían ser el miedo, la desolación, la frustración, la tristeza y el enojo.
De modos para cada quien diferentes, pero con lo que a la mayoría nos ha enfrentado esta pandemia es con el miedo a perder ya sea la vida, la de quienes amamos, de quienes quizás dependemos, nuestro trabajo o medio de sustento, nuestra casa, nuestra seguridad y la manera en la que conocíamos la vida y esto naturalmente activa nuestros mecanismos de defensa más primarios que son:
Luchar
Huir
Congelarnos

Estos mecanismos son activados y por lo tanto desactivados por nuestro sistema nervioso autónomo y la verdad es que este sistema no entiende mucho de razones, solo le interesa ponernos a salvo y conservar nuestra integridad física y psíquica.
Comer de más o de menos, dormir de más o de menos, fumar, beber, hacer ejercicio obsesivamente o no moverte, quedarte callado o pegar de gritos, clavarte horas en el celular, comerte las uñas, drogarte, o cualquier otra que consideres destructiva, adictiva, compulsiva o como le quieras llamar, suelen ser intentos por mantener la salvedad cuando está en riesgo algo más valioso.
Es importante saber esto, porque los mensajes que solemos recibir es que deberíamos de poder parar la conducta y pocas veces nos detenemos a observar qué estamos tratando de lograr al hacer esa conducta.

Por ejemplo, cuando se activa la lucha y la huida que tiene que ver con la excitación, pudiéramos estar experimentando algo como:
Algo muy malo va a pasarme
Tengo que estar siempre alerta
Tengo que hacer, hacer, hacer
Estoy siempre ansioso
No puedo confiar en nadie
No me puedo detener
Nada me tranquiliza
No puedo parar
No se cómo salir de aquí

Por otro lado, se estará activando más la defensa de congelamiento, que tiende más hacia la inmovilización si sientes si sientes o te dices algo como:
No puedo hacer nada
Ya para qué
Me da miedo moverme
Estoy solo
Nadie está aquí para mi
No vale la pena

La forma de responder suele ser la conducta con la cual estamos tratando de cubrir la necesidad real que es, sentirnos a salvo ya que en ambos casos la información que recibimos es que el mundo es amenazante.
Y la comida, para muchos, ha sido una forma de sentirnos a salvo ya que activa nuestras memorias más primarias en la que la comida estaba conectada con seguridad, contención, compañía, calor, presencia, mirada, etc.

¿Qué puedo hacer?
De entrada abrirte a la posibilidad de que esas conductas están buscando compensar algo y ponerte a salvo.
Busca actividades, posturas, palabras, encuentros, etc. que te hagan sentirte a salvo: una de ellas es la orientación (podemos hacer esta dinámica que dura 2 minutos)
Encuentra tus propios recursos: el piso, tu respiración, tu movimiento seguro, tus posibilidades de poner límites.
El poco a poco es una pieza clave ya que los demasiados nos llevan a activar la energía de supervivencia. Ve haciendo consciencia de lo que si puedes hacer y si puedes sostener, por más pequeño que sea.
Encuentra lo que si hay y lo que si se siente bien
La auto- regulación
La auto regulación es la capacidad que tenemos para responder a nuestras necesidades internas y también al mundo externo. Es la capacidad de confiar en esas respuestas.
Nuestra capacidad de auto-regulación depende en gran medida de cómo hayamos sido co-regulados por nuestros cuidadores primarios y principalmente en qué tanto hayan estado sintonizados con nuestras necesidades.
Les platico esto, porque creo que uno de los puntos súper importantes en la relación con la comida es precisamente esta incapacidad de auto- regularnos (ojo no auto controlarnos), de confiar en que podemos atender a nuestras necesidades asertivamente y por eso estamos queriendo encontrar respuestas afuera, en lo que me dicen que debería de comer, en lo que me dicen que debería o no de hacer, en la aprobación de mi imagen y en la creencia de que no puedo hacerme cargo de mi y por eso tengo que recurrir a la comida como único recurso porque quizás aprendimos que lo que realmente necesitábamos no estaba disponible para nosotros.

¿Qué puedo hacer?
Los dos puntos básicos para la auto-regulación son:
Sintonía con tus necesidades
Presencia
¿Qué siento?
¿Qué necesito?

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