Canadá.- Quebec avanza hacia un cambio unilateral de la Constitución con la connivencia de Trudeau

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Autor: admin publiko 13 junio, 2021


Los quebequeses quieren definirse como “nación” y reivindicar el francés

MADRID, 13 (EUROPA PRESS)

La provincia de Quebec quiere ir un paso más allá en su individualismo frente al conjunto de Canadá. Con el objetivo de dotar de más peso legal al francés e introducir el término “nación”, se encamina hacia un cambio unilateral de la Constitución que no se topará en principio con la oposición del Gobierno de Justin Trudeau.

El debate llega de la mano del primer ministro de Quebec, François Legault, que en 2018 asumió las riendas de la provincia y ha tratado de marcar un perfil propio frente al conjunto de Canadá. Con la Ley 96, quiere ahora poner por negro sobre blanco que el francés es el idioma oficial y que los quebequeses forman una “nación”.

La novedad reside no tanto en los conceptos en sí, sobre los que existe un relativo consenso, sino en elevarlos a la propia Constitución de Canadá, mediante una cláusula que permite modificar la Carta Magna de forma unilateral, sin que sea necesario el visto bueno del conjunto del país o siquiera de las instituciones centrales.

En Ottawa, Trudeau no ha reaccionado igual que lo hizo cuatro años, cuando descartó reabrir la Constitución ante una tentativa del entonces primer ministro quebequés, Philippe Couillard, para explorar fórmulas con las que la provincia pudiese adherirse formalmente a una Carta Magna que le concierne solo porque así lo dictó el Tribunal Supremo.

La posición de Trudeau ahora es otra. “Durante mucho tiempo, el Gobierno federal ha reconocido que tenemos dos idiomas oficiales, pero que Quebec debe desempeñar un papel especial en la protección del francés”, declaró en mayo el primer ministro liberal, que con la aritmética política actual depende en gran medida de los votos que pueda pescar en la provincia.

EQUILIBRIO DE LENGUAJE Y PODERES

El investigador del Real Instituto ElCano Ignacio Molina explica a Europa Press que los cambios que quiere introducir Quebec no añaden matices especialmente rompedores, porque el Parlamento ya asumió en 2006 que los quebequeses forman una nación –“dentro de una Canadá unida”, rezaba el texto– y que el Gobierno de Trudeau ha tratado de promover el francés, pero reconoce la novedad que representa desde el punto de vista jurídico que sea un cambio unilateral.

El Gobierno central tiene esta vez en frente a un líder “nacionalista”, no “independentista”, lo que justifica para Molina justifica en parte el gesto de Trudeau. Además, apunta que el primer ministro canadiense podría anotarse el tanto de haber logrado que Quebec reconozca con esta reforma la Constitución: “Todo el mundo sale ganando”.

Coincide en este análisis el director del Instituto McGill para el Estudio de Canadá, Daniel Béland, que en declaraciones a la cadena CBC se pregunta cómo podrá argumentar el campo soberanista que la Constitución es “ilegítima” y no es “inclusiva” cuando ‘de facto’ están tirando de ella para introducir su agenda política.

Ambos analistas asumen también que hay cálculos electoralistas y Béland plantea expresamente que podría ser “muy costoso” en términos de voto enfrentarse con Legault, sobre todo porque en Quebec se ponen en juego 78 escaños en las elecciones generales. “Veo esto más como una anticipación de las próximas elecciones federales que como algo que se sustente en un debate constitucional profundo”, asegura.

El líder conservador, Erin O’Toole, también se ha puesto de perfil y ha optado por decir que su partido siempre respetará la jurisdicción de las distintas provincias, lo que pasa también por asumir que pueden cambiar las partes de la Constitución que les conciernen sin necesidad de recibir permiso de nadie.

SOBERANÍA SIN INDEPENDENCIA

El partido de Legault rompió el habitual equilibrio entre el independentista Partido Quebequés y el federalista Partido Liberal de Quebec, si bien a nivel federal entra en juego el Bloque Quebequés, que cuenta actualmente con 32 diputados en la Cámara de los Comunes y podría llegado el caso inclinar la balanza en favor de Trudeau.

El Gobierno actual de Quebec dice expresamente que no quiere la independencia y aprovecha en cambio por aprovechar su margen de actuación para tomar otro tipo de medidas, por ejemplo para limitar la inmigración o prohibir símbolos religiosos. “Más que buscando la independencia, que saben que provoca fractura social, aspiran a aprovechar su autogobierno”, indica Molina.

El experto del Real Instituto ElCano considera una posibilidad “muy remota” que se plantee una reedición de la consulta independentista de 1995 –un 50,5 por ciento dijo ‘no’ a la secesión–, a pesar de que los últimos sondeos dibujan un escenario relativamente igualado y que la mayoría del Parlamento quebequés podría catalogarse al menos de “autonomista”.

Sobre debates independentistas en otras partes del mundo, incluida España, Molina evita hacer demasiadas comparaciones, argumentando por ejemplo que Canadá cuenta con una “naturaleza constitucional” propia que ya abre la posibilidad de un país bilingüe y que no hay “una lógica centro-periferia”.

Así, explica que los grandes partidos tienen facciones que defienden posturas más afines a las tesis quebequesas y otros que no y que Ottawa, desde el punto de vista de núcleo geográfico y político, no tiene el mismo peso que puede tener Madrid en España. Quebec, añade, “está a medio camino de Escocia y España, pero se parece un poco más a Escocia”.

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