La cosecha de aceitunas en el Peloponeso en peligro por el coronavirus

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Autor: admin publiko 20 diciembre, 2020


En medio de las antiguas ruinas invadidas por la vegetación, Nikos Argirakis se activa para recoger las aceitunas en su propiedad en el Peloponeso. Este año, la cosecha se retrasará debido a la falta de trabajadores temporales por la pandemia.

“Un centenar de trabajadores agrícolas recorren la región cada año en el momento de las cosechas. Esta temporada no son más de quince”, comenta Argirakis.

Las restricciones de viaje impuestas para limitar la propagación del virus han afectado gravemente la circulación de los trabajadores agrícolas, a menudo inmigrantes. El cierre de la frontera con Albania y la obligación de llevar un certificado (negativo de covid-19) provocan una escasez de mano de obra en un sector que se basa esencialmente en trabajadores temporales, generalmente irregulares.

A la salida del pueblo de Aghios Andreas, en el suroeste del Peloponeso, la finca de Argirakis se extiende sobre una hectárea y cuenta con cerca de 1.000 olivos.

“Nos hemos retrasado así que intentamos recoger las aceitunas rápidamente. Pasado algún tiempo, el producto puede perder en calidad”, precisa a la AFP Argirakis.

Normalmente finalizada a finales de noviembre, la cosecha se extenderá hasta finales de diciembre para este productor, también camarero en un café de Kalamata.

Dos hombres originarios de Bangladés y una pareja albanesa, presentes en Grecia antes del cierre de las fronteras, finalmente se unieron a la finca de Argirakis.

“Muchos griegos se niegan a realizar este trabajo penoso y poco valorado”, lamenta el productor. “Tuve que poner a trabajar a mi madre y a mi hermana. Así hacían nuestros abuelos, la cosecha siempre ha sido una historia de familia”, relativiza este hombre de 40 años.

– ¿Y si nos contaminamos? –

En la aldea de Messini, Panayiotis Outsikas también debe apoyarse en su familia para ayudarle. “No hay trabajadores, tendremos que cosechar nosotros mismos”, explica el pastor, rodeado de sus ovejas.

Hasta donde alcanza la vista, miles de olivos descienden hasta el brazo de tierra junto al mar situado al suroeste de Grecia continental. La península de Mesenia, en la región del Peloponeso, concentra la mayor producción de aceite de oliva del país, sector valorado en 790 millones de euros (968 millones de dólares) en 2019, según datos de Eurostat.

“Muchas fincas son familiares y la población es anciana, es difícil recoger las aceitunas y el tiempo de cosecha corre el riesgo de triplicarse”, comenta Ioannis Andriopoulos.

Este empleado de la cooperativa agrícola de Mesenia, que acumula trabajo agrícola y empleo de repartidor, se preocupa por una situación excepcional que pone en peligro un modelo ya tambaleante.

“Es difícil confiar en los trabajadores sin papeles. La mayoría no se realizan pruebas de covid-19 por miedo a ser detenidos, pero ¿qué pasa si nos contaminamos?”, se pregunta el cincuentenario.

Normalmente, cuatro personas vienen a trabajar en el campo de olivos de la cooperativa. Este año, Andriopoulos trabaja solo.

“Los trabajadores y los productores han tomado precauciones para protegerse del virus”, afirma Giannis Pazios, secretario general de la cooperativa.

“Pero menos brazos significa un aumento del precio de la mano de obra y, por tanto, de los costes de producción”, añade Pazios a la AFP.

Vendido a 2,40 euros (3 dólares) el litro en promedio, el aceite de oliva se vuelve poco rentable para los agricultores.

En la almazara Mádena, a pocos kilómetros de Kalamata, la capital de Mesenia, se percibe un olor amargo e intenso. Los tractores se deslizan entre las pilas de bolsas llenas de aceitunas en una coreografía hábilmente orquestada.

“En este momento, no se puede vender ni a los restaurantes ni a las tiendas, y las exportaciones serán menos importantes este año”, lamenta Dimitris Karoumpalis, el propietario de la almazara.

ak-chv/mab/mis

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