La verdadera historia detrás de “The Americans”: memorias de la espía soviética infiltrada con su pareja en EEUU que inspiró la gran serie

Autor: admin publiko 25 junio, 2021


Elena Vavilova y Andrei Bezrukov en su juventud, cuando eran espías.

El 27 de junio de 2010 Tim Foley se cambiaba de ropa —había regresado de almorzar con sus padres y su hermano Alex, se preparaba para seguir festejando su cumpleaños 20 con sus amigos— cuando escuchó ruidos al otro lado de la puerta cerrada de su habitación. Le pareció que alguien gritaba “¡FBI! ¡FBI!” y antes de que pudiera comprobarlo un hombre armado, que en efecto pertenecía a la Agencia de Investigaciones Federales de los Estados Unidos, le dijo que se quedara tranquilo y lo acompañara.

Vio entonces que otro agente escoltaba a Alex. Y vio que sus padres salían, esposados, rumbo a dos autos negros donde se los llevaron por separado sin permitir que se despidieran.

El resto de los autos y los uniformados comenzaron un rastreo estricto de la casa de Cambridge, Massachusetts, por lo cual el FBI había rentado una habitación de hotel para que él y su hermano menor vivieran en los siguientes días. Se secuestraron 191 objetos, entre ellos computadoras, teléfonos, fotografías, medicinas y la PlayStation de los muchachos.

—Tus padres fueron detenidos como sospechosos de ser agentes ilegales de un gobierno extranjero —le explicaron.

Hasta la detención de sus padres, Tim y Alex ignoraron que eran hijos de “ilegales”.

—Ustedes se confundieron de casa.

La idea le pareció tan ridícula que sólo podía ser un error. Sus padres eran la gente más aburrida del planeta. Cómo iban a ser espías.

Dos días más tarde y a casi 900 kilómetros, en su casa de Toronto, Canadá, los jubilados Pauline y Edward Foley compartían el desayuno mientras leían la versión impresa del Toronto Star. Ella tenía el cuerpo principal; él leía la sección de arte, libros y espectáculos. De pronto la mujer soltó el periódico como si le hubiera quemado las manos.

—¿Qué significa esto?

Le mostró a su esposo la noticia: el FBI había descubierto a un grupo de espías rusos encubiertos que operaban en Estados Unidos.

—¿Ahá? —el tema no le interesó a Edward.

—Mira el nombre de una de las mujeres: Tracey Lee Ann Foley.

Hacía más de medio siglo que la primera hija de ambos, de dos meses, había muerto por una meningitis en cuestión de horas. ¿Cómo podía ser que una agente rusa tuviera exactamente su nombre?

Elena Vavilova
Los 10 agentes rusos detenidos por FBI en la operación Ghost Stories: Vavilova y Bezrukov son los segundos desde la derecha; al lado de Elena, a continuación, Anna Chapman. (US Marshalls/AP)

A comienzos de los sesenta los registros civiles anotaban los nacimientos por un lado y las muertes por otro; los soviéticos solían recorrer los cementerios para buscar casos como el de la bebé de los Foley que permitieran construir una identidad falsa, generando documentos a partir de un acta natal legítima, a lo largo de décadas.

Décadas durante las cuales espías como Elizabeth y Philip Jennings, los protagonistas de la serie Alistair Hensler, funcionario de CSIS, la agencia de espías de Canadá. “Así de buena era su cobertura”.

Vavilova y Bezrukov nunca hablaron de esos días, ni siquiera comentaron si llegaron a pensar algo así. La espía convertida en escritora le confió a VilaWeb: “Tuvimos muy poco contacto con Moscú, por razones de seguridad. Trabajamos mayormente por las nuestras, y la verdad es que conocíamos muy poco de lo que estaba sucediendo”.

Entonces llegó un mensaje preguntándoles si continuarían con su tarea.

Elena Vavilova
Bezrukov/Heathfield y su socia en la distribución de pañales salieron en la prensa local como ejemplo de emprendedores. (Imagen de Macleans)

“Respiramos aliviados”, agregó al sitio catalán. “Sentimos algo extraño, porque sabíamos que lo que había sucedido era extremadamente serio, la desaparición de la Unión Soviética, pero también comprendimos algo importante. No luchábamos por nuestros dirigentes, sino por nuestro país. Por nuestra patria. Por nuestros compatriotas. Y eso no cambió cuando la Unión Soviética se convirtió en Rusia”.

En esta segunda etapa Donald se asoció a una distribuidora de pañales mientras estudiaba economía internacional en la Universidad de York. La familia entera —ya había nacido Alex— lo acompañó a París en 1995, para que hiciera un master en la École des Ponts. Vivieron con lo justo en un pequeño apartamento —la única habitación era para los niños: los padres dormían en el sofá— cerca de la Torre Eiffel.

En 1999, mientras Vladimir Putin llegaba al poder, el canadiense trabajador y estudioso envió su solicitud de ingreso a la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard. Lo aceptaron. La familia se mudó a Boston, y en su periferia serían detenidos Vavilova y Bezrukov durante la operación Ghost Stories. Ella trabajaba entonces como agente inmobiliaria y él en la consultora Global Partners.

La inspiración de The Americans

Elena Vavilova
La casa de los espías rusos en Cambridge, Massachusetts, donde fueron detenidos.

Como Elizabeth y Philip Jennings, Tracey Foley y Donald Heathfield y se mantuvieron por debajo del radar mientras recolectaban información. Nada extraordinario: datos sobre esto y aquello, que unidos a los datos sobre esto y aquello de los demás ilegales, permitían que en Moscú se armara un rompecabezas. Su vida era tan distinta de la de los Jennings que eso la hizo pensar en escribir La mujer que sabe guardar secretos.

“Luego de mirar The Americans pensé: ‘Bueno, ese no es el trabajo real, ni es así como se hace’”, dijo a The Guardian. El estrés psicológico y los dilemas morales son parte del asunto, pero no así el sexo y el asesinato. “Si un día sales y haces algo como James Bond, eso es todo: estás terminado. No puedes sostener una vida y un trabajo extendidos si haces eso. La gente cree que todo es siempre extremo, pero en realidad la mayor parte es muy rutinario y muy aburrido”.

En su novela, la joven Vera, en pleno entrenamiento, le pregunta a su supervisor: “¿Por qué se habla de ‘agentes especiales en la reserva’? ¿Quiere eso decir que podríamos quedarnos de brazos cruzados sin hacer nada? ¿Nos mantendrían en la ‘reserva’ hasta que apareciesen las condiciones idóneas?” El hombre le explica entonces el concepto de agente “durmiente” o “latente”:

Elena Vavilova
La investigación del FBI incluyó vigilancia durante 10 años.

Estos agentes son los ojos y los oídos del estado. Así que, obviamente, no pueden permanecer inactivos. Cuando trabajan en el extranjero deberán subir la escalera social, cuidar a sus contactos y procesar una gran cantidad de información. El trabajo de un agente no siempre se centra en secretos, como la gente imagina por influencia del cine.

El objetivo de Vera y Antón era interceptar y conocer las intenciones del enemigo, un país cuyo presidente había llamado a a URSS “el imperio del mal”, antes de que se haya madurado un curso de acción. “Una vez tomada una decisión, no hay margen de maniobra para casi nada y ya es demasiado tarde para adoptar una línea de acción concreta por parte de nuestro país”, siguió el mentor. “A los que actúan de forma encubierta, los conocemos con el nombre de ‘guerreros del frente invisible’”.

Y eso fueron Vavilova y su esposo hasta que Alexander Poteyev, segundo del Directorio S, entregó al FBI la red de ilegales. El día antes de hacerlo viajó a Frankfurt, donde la CIA lo recogió para llevarlo a una localidad desconocida en los Estados Unidos, donde se supone que reside. Aunque en 2016 hubo rumores sobre su muerte, nunca comprobados.

Regreso con alfombra roja

Elena Vavilova
Vavilova, su esposo y los demás ilegales fueron entregados al FBI por Alexander Poteyev, segundo del Directorio S.

“Viví 20 años creyendo que era canadiense y todavía creo que lo soy, nada puede cambiar eso”, escribió Tim en una de las apelaciones que necesitaron él y su hermano para que el país donde nacieron les devolviera la ciudadanía que les quitó por ser hijos de agentes no declarados. “No tengo vínculos con Rusia, no hablo el idioma, no tengo muchos amigos allí, no he vivido allí durante periodos largos y no quiero vivir allí”.

Para los hijos fue increíble descubrir que sus padres eran espías rusos y tenían un pasado soviético. Al visitar a sus padres detenidos Vavilova les rogó que viajaran a Moscú hasta que las cosas se aclarasen. Nunca antes habían estado en Rusia.

“Nos mostraron fotos de nuestros padres a los 20 años, con uniformes, con medallas”, recordó Alex a The Guardian sobre ese viaje. “En ese momento pensé: ‘Ok, esto es real’. Hasta entonces me había resistido a creerlo”. Los colegas de sus padres —así se presentaron— que los buscaron en el aeropuerto les mostraron la ciudad, los llevaron a museos, les presentaron primos, un tío y una abuela que no sabían que tenían. El 9 de julio, cuando sus padres aterrizaron en Moscú todavía ataviados con el overol naranja de la cárcel, supieron que les darían documentos nuevos con sus nombres en ruso.

Elena Vavilova
Un año después de “La mujer que sabe guardar secretos”, Vavilova publicó su segunda novela, “El corazón codificado”.

Vavilova y Bezrukov fueron recibidos como héroes; Putin —en ese momento, primer ministro— les dio audiencia y los condecoró con la Orden al Mérito por la Patria. Además de haber sido él mismo agente del KGB, Putin tenía 21 años cuando se estrenó Diecisiete instantes de una primavera, la serie soviética que rompió récords de rating con 80 millones de espectadores e innumerables repeticiones. Se trataba de los ilegales que durante la Segunda Guerra Mundial infiltraron las SS para impedir que los nazis negociaran con los Estados Unidos. Putin ingresó a la inteligencia poco después del estreno.

El regreso también sacudió a los familiares de la pareja, que creían que eran traductores en organismos internacionales y que, por la sensibilidad de sus empleos, no podían comentar lo que hacían. Tim y Alex aprendieron rudimentos de ruso pero finalmente se fueron: el mayor, a trabajar en finanzas en Asia; el menor, a estudiar a una ciudad europea. Luego debieron iniciar la batalla legal por su nacionalidad canadiense.

Actualmente Bezrukov asesora al presidente de Rosneft, la petrolera estatal rusa, es profesor del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú y publica una columna de actualidad en Izvestia, el periódico financiero. Vavilova escribió La mujer que sabe guardar secretos para contar la realidad de su oficio y encontró una nueva vocación: su segunda novela, El corazón codificado, salió en mayo de 2020, en ruso, según anunció en su sitio.

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