Perdiendo habilidades en la era digital

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Autor: admin publiko 17 abril, 2021


Por Gabriela Rodríguez

 

Amo el sensual roce de la pluma sobre el papel y el halo azul que deja a su paso. Es como presenciar un tango; es una danza nostálgica, romántica y comunicativa.  Sin embargo, cuántas veces no habré escuchado con enojo: “¡Para qué tenemos que aprenderla! ¡Es inservible! No se usa en ningún lado”. Los jóvenes consideran la letra manuscrita algo del pasado. Algo que sólo su abuelita usaría y que no tiene sentido de ser.

Pero en realidad, lejos de ser pomposa, clasista, inentendible y sin sentido para las nuevas generaciones, la letra manuscrita es impulsora del desarrollo cerebral, la motricidad fina, la inteligencia, el arte y la memoria. La mayor parte de la gente desconoce sus beneficios y es aquí donde me propongo a defenderla con un poco de ayuda científica que espero no aburra al lector.

Si identificamos el origen de la escritura desde la perspectiva físico-neurológica deberíamos decir que escribimos con el cerebro no con la mano. Para entender la acción de la escritura debe reconocerse que todo movimiento tiene de origen una instrucción consciente o inconsciente generada por el cerebro.

Los científicos han descubierto que el aprendizaje de la letra manuscrita es una herramienta crucial para el desarrollo cognitivo, particularmente para entrenar al cerebro desde el punto de vista de la especialización por áreas, es decir, del rendimiento óptimo. Requiere la utilización de todas las estructuras cerebrales funcionando de manera conjunta, coordinada, consecutiva y ordenada, así como estructuras asociadas al pensamiento, al lenguaje y a la memoria. El acto de escribir requiere un alto nivel de especialización, pues implica la integración de movimiento, tacto y pensamiento continuo para plasmar las ideas en un papel y, por lo tanto, la escritura manuscrita impulsa la inteligencia.

En la última década, la investigación con imágenes cerebrales ha ayudado a los neurocientíficos a entender que aprender habilidades como la escritura a mano y tocar un instrumento musical pueden cambiar la estructura del cerebro y potenciarlo al balancear el desarrollo de los dos hemisferios. Los movimientos necesarios y coordinados que realizamos al escribir dejan un recuerdo en la parte encargada de procesar la información sensoriomotora. Esto es, creamos una fotografía o huella del recuerdo motor en el cerebro, ayudándonos a recordar mejor esa información. El alumno que toma notas a mano recordará mejor la información que aquel que graba al maestro o usa un teclado. Escribir a mano permite interpretar la información, entenderla y reformularla con nuestras propias palabras, lo que refuerza el aprendizaje incentivando la memoria y el pensamiento.

Días atrás escuché en la radio una entrevista en la que empresarios se quejaban de no encontrar personal capacitado para los puestos vacantes por falta de habilidades blandas en los candidatos. Estas habilidades carentes en la juventud habrían sido detonadas por una formación integral durante la niñez con el desarrollo de habilidades y no la repetición y memorización. Los maestros reportan que gran parte del alumnado no entiende lo que lee y se limita a memorizar, lo cual inevitablemente caerá en el olvido. Cada 23 de enero se celebra el Día internacional de la Letra Manuscrita en reconocimiento a sus múltiples beneficios en el desarrollo integral de los niños.

¿Será momento de replantear qué y cómo se enseña en las escuelas? Y tú, ¿escribes?

                               info@gabrielarodriguez.mx

 

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