Reformismo eléctrico (presidencialismo pendular)

Avatar

Autor: admin publiko 21 febrero, 2021


Por Francisco Acuña Llamas

A cada presidente se le asocia con alguna determinación o con algún tipo de problema: Madero, con la vocación revolucionaria y democrática; a Carranza, con la vocación constitucional; a Álvaro Obregón, con su reelección; a Calles, con el “régimen de un país que dejaría el caciquismo por uno de instituciones y de leyes, y a Lázaro Cárdenas, con la “Expropiación Petrolera”.

En ese orden de ideas, a Adolfo López Mateos se le atribuye la “soberanía eléctrica”. Después estuvieron ligados a facetas relacionadas con ese sector Calderón y Peña Nieto, aunque como actores de decisiones controversiales, al primero, por la extinción de Luz y Fuerza del Centro, y a Peña Nieto por la Reforma Energética que ahora se trata de revertir.

El tiempo sentenciará si regresar a las “energías contaminantes” como prioridad es la solución adecuada para recuperar la soberanía energética perdida. Por lo pronto, vendrán consecuencias por la desaparición de los contratos que “privatizaron” las fuentes de energía eléctrica en demérito de la CFE.

Si funciona la reforma, a López Obrador se le reconocerá como un nacionalista exitoso.

En el caso de la industria eléctrica, la adquisición de los bienes de las empresas privadas eléctricas no se hizo por medio de una expropiación, como si fue el caso de los bienes de las compañías petroleras extranjeras, sino por medio de la compra de las acciones, entre otras empresas, de la Mexican Light and Power Company, Ltd., e Impulsora de Empresas Eléctrica, subsidiaria en México de la American and Foreign Power Co. La compra fue anunciada por Adolfo López Mateos, el 1o. de septiembre de 1960.

Antes, en México, el sobrante de la energía generada por las empresas era vendido al gobierno para el alumbrado público. Eso obligó una iniciativa constitucional para añadir el párrafo sexto del artículo 27 a efecto de “nacionalizar la industria eléctrica”.

El lema de la nacionalización de la industria eléctrica se explicó como la prestación del servicio público de abastecimiento de energía eléctrica, abarcando la generación, transformación y distribución, así como las demás operaciones o actividades industriales o comerciales efectuadas exclusivamente por el Estado. Se invocaba la tesis de que “….los recursos naturales y las fuentes de energía básica han de estar al servicio de la colectividad y de la elevación de los niveles de vida del pueblo mexicano…”.

El contenido oficialista de esa decisión concentraba en Luz y Fuerza del Centro y la Comisión Federal de Electricidad dicha tarea.

En 2009, Felipe Calderón extinguió, por decreto, a Luz y Fuerza del Centro.

La reforma Peña Nieto retornó la generación de la energía eléctrica al sector privado, algo que López Obrador considera una regresión efectuada por la directriz “neoliberal”. El caso es que ahora volverá la concentración de esas operaciones estratégicas a manos del gobierno federal: la recuperación del “nacionalismo energético”. Sin embargo, el mundo ha cambiado radicalmente y la globalización no asimila recetas nacionalistas que impidan el libre comercio y la inversión extranjera. Más allá de una bandera ideológica, esa cuestión es más un problema interno de economía, alumbrado por la economía mundial. Mientras en México el problema de la soberanía eléctrica reviste una consigna de estatismo, uno que obligara a las empresas generadoras de electricidad a conformarse con autoabastecerse, el conflicto de fondo se asocia al peligro de estancar el desarrollo de las “energías limpias” por volverlas inviables para que haya con ellas negocio, como ocurre en otras partes del mundo. La cuestión merece una consideración desde el T-MEC y el problema de las cláusulas de corresponsabilidad ambiental.

Regresar, en pleno siglo XXI, a una solución como la que se dio hace sesenta años, demostrará si es factible un nuevo giro pendular. El tiempo dirá si este fue un sexenio con vocación sustentable o de reivindicación ideológica, y eso comprobará por qué, en el caso de nuestro país, las decisiones fundamentales tienen un ritmo de constante ir y regresar. Un permanente volver a empezar.

Columnista: 
Imágen Portada: 
Imágen Principal: 
Send to NewsML Feed: 
0

Comentarios

comentarios