Sebastián Domínguez, sin filtro: el gesto de capitán de Ruggeri en la TV, el tabú de la homosexualidad en el fútbol y qué le diría a Messi si quisiera jugar el clásico rosarino

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Autor: admin publiko 21 enero, 2021


El zaguero, con la casaca de Vélez, con la que se siente identificado a la altura de Newell’s, el club de sus amores

—¿Qué le responderías si Messi, a quien conocés de pibe, te dice “estoy pensando en volver porque me gustaría sacarme las ganas de jugar un clásico de Rosario”?

—Que se va a tener que preparar emocionalmente para vivir en Rosario. Ojo: Leo es el mejor del mundo y está preparado para un montón de situaciones que nosotros no tenemos ni idea. Nosotros -digo- por los que hicimos el mismo deporte que él pero a otro nivel. Con tanto tiempo viviendo afuera no sé hasta qué punto su familia, o él mismo se podría adaptar a lo que se vive en la ciudad. Después, es cuestión de resultado. Con uno positivo se adaptaría un fenómeno. Y no con uno negativo… ¿Pero quién da el primer paso cuando es tirar la moneda y ver qué pasa? No sé cuántos le aconsejan “dale, dale, volvé que no pasa nada”. Yo creo que da mucha incertidumbre. Es poner a un tipo en un casino. Todo esto a que gane esta mano. Plata o mierda. No sé si es lo más recomendable para Leo. Yo creo que el conflicto existencial que debe tener él como ser humano es no poder vivir tranquilo. Entonces ahí tenés que saber que vas al epicentro de no poder vivir tranquilo… Si pensás que podés, bienvenido. Si tenés mínimo de duda, no vengas porque la vas a pasar mal.

—¿Qué sentís cuando ves la emoción de tu papá en la película de Messi por haber sido técnico suyo en Newell’s?

—Mi viejo siempre pagó un reclamo nuestro. Le decíamos “siempre estuviste más para tus dirigidos que para nosotros”. Él era el mejor. Vos veías que era el consejero, el que estaba siempre. Él es un tipo durísimo, un gringo de campo. Te generaba mucho respeto. Muy calentón. Hasta violento, en el sentido que si se tenía que fajar, se fajaba. Pero un tipo que te dabas cuenta de que los jugadores lo querían mucho. Por eso te decía que con mi hermano Nicolás, antes de que naciera Paula, la más chica, le decíamos “vos querés más a tus dirigidos más que a nosotros, maestro”. Pero él disfrutó mucho su etapa como entrenador, que la cierra cuando Leo se va de Newell’s. Ahí no dirigió más. Tuvo algunas cosas, intentó, pero hubo un antes y un después en la salida de Messi. Ahí mi viejo perdió la fe en el fútbol.

—¿Por qué perdió la fe?

—Porque se fue Leo… Mi viejo hizo todos los intentos para retenerlo. Tenía y tiene una relación muy buena con Jorge Messi, pero no pudo cambiar la historia. Sintió que era una injusticia tan grande, que para él no hubo reconciliación con el fútbol. Ese día algo se murió en él.

—¿Tu viejo te decía de pibe que Messi iba a ser como Maradona?

—Sí, decía que iba a ser mejor. Pero hay que ser justo: vos en cada categoría tenías uno. Maxi Rodríguez en la 81, por ejemplo. La Fiera iba a ser Maradona. Él terminaba con 20 goles en un torneo y el segundo hacía 25. No era normal. Diferentes cosas después te van acomodando. Maxi hizo un carrerón, es un futbolista extraordinario, pero no es Messi. En esa época, en Newell ‘s estaban Billy Rodas, Messi y el Gato Formica. Leo tenía otra velocidad. Lo mismo que pasa ahora. Es como si él tuviese a alguien que le va diciendo en la oreja, desde arriba, para dónde tiene que correr, para dónde gambetear, quién le llega de costado. No podés tener ese campo visual. No podés incorporar toda esa información en una milésima de segundo dentro de la cancha. Eso lo ves de afuera y en cámara lenta. El tipo lo hace en tiempo real. Había futbolistas a su edad que lo hacían. Como Maxi, el Gato… Hay una barrera desde los 17 años más o menos, cuando físicamente ya empezás a estar desarrollado. Ahí muchos se quedan. Otros resisten y pasan. A mí me costó mucho y de ahí en adelante fui una bestia físicamente. Leo llego hasta ahí y cada vez hizo más diferencia. Billy Rodas desapareció del mapa de los grandes futbolistas argentinos. Pero podés decir que a la edad de Messi había otros que jugaban como él. Ahí es donde te preguntás quiénes llegan a Primera. Yo ahí tengo una discusión existencial. No sé si siempre llegan los mejores. Para mí llegan los que resisten y tienen un entorno favorable.

—¿Se puede llegar a Primera y ser feliz y respetado sin jugar en Boca ni en River?

—Sin dudas. Hay que tener un poquito de suerte también. Yo siento que en Vélez la gente me valora mucho. Pero también viví una etapa en la que River y Boca no estaban a la altura de Vélez. River se fue al descenso. Boca estaba en esa marea de contrataciones en la que nadie rendía. Entonces el foco estaba un poco en Vélez, donde de 10 campeonatos en esa época en 7 llegamos a la final con chance de ser campeones en la última fecha. Algo que hoy no lo vive ningún equipo del fútbol argentino. No ligamos a nivel internacional, sino creo que le podíamos pelear más cerca a la camada de Bianchi, que fue inalcanzable. Sacando a esos equipazos fuimos nosotros esos 5 años con el Tigre Gareca.

—¿También pagaste el no pasar por Boca o River con jugar con Messi en la Selección?

—Sí. Igual nunca me desesperaron Boca y River porque tuve un lazo de afecto muy grande con Newell’s. Para mí era Newell’s y ser campeón. Con eso ya estaba. Todo lo que viniera atrás era de arriba. Después apareció la Selección como objetivo principal. Y mi llegada tiene que ver con Vélez más que con cualquier otro club. Soy hincha de Newell ‘s, nací en el club, sufrí mucho por el club, pero debo reconocer que me cuesta no poner a Vélez a la par. Es difícil que el de Newell´s se diga “¿cómo a la par si vos sos de la Lepra?”. Es difícil de explicar pero decir que no soy hincha de Vélez también sería una traición a lo que siento. Puedo decir que soy hincha de Vélez y de Newells. Nadie me lo va a entender. Entonces digo que siento un profundo agradecimiento por lo que me dio Velez en mi carrera. Y que también llego a ponerlo a la par de Newell’s.

Sebastián Domínguez
“Ser comentarista me permite estar cerca del fútbol, que me apasiona” (@sebadominguez6)

—¿Cómo fue estar parado con la Selección cantando el Himno?

—Fue tan esperado que pienso que se transformó en la traba más grande para rendir en la Selección. Fue decir “llegué”. Y no vi todo lo que venía después. Tenía posibilidad de mantenerme. Pero siempre dije “no, fue hasta acá, con cantar el Himno con la Selección ya estoy. No quiero la presión, no quiero más”. Eso fue con Diego. Después, con Sabella, sentí que ya me lo podía tomar de otra manera. Lo disfruté mucho más. Me vi muy cerca pero también entendí la decisión de quedarme afuera. Es como siempre me faltó un cachitín para decir “Seba es jugador de Selección”. Nunca me sentí jugador de Selección. Una vez que estaba ahí me faltó decir “ahora es a fondo”. Es como que llegué con la última bala y dije “no me queda más. Soy esto. No tengo ese salto. Pero la arena está ahí… Tenés que dar dos brazadas más”. Yo no tenía más. Me morí en la orilla. Aunque todo ese trayecto nadando fue increíble. Por eso me morí satisfecho. Esa es una palabra con la que muchos futbolistas luchan el resto de su vida. Yo terminé con una carrera muy en paz aun sin jugar un Mundial.

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