Baiuca: el ‘Embruxo‘ fantasmal

Autor: admin publiko 19 mayo, 2021


A golpe de clics nos podemos situar instantáneamente en Catoira, en Galicia, un pueblo de la provincia de Pontevedra que forma parte del encanto gallego y que se localiza apenas a 37 kilómetros de Santiago de Compostela; lugar de peregrinos y místicos… y lo confirmo con las primeras fotos de prensa que ha esparcido Baiuca en compañía de Rodrigo Cuevas y algún personaje extraído de alguna danza dedicada al santo patrono.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Los músicos con túnicas negras semejan monjes y han posado en un paraje donde las bardas y las cercas de piedra parecen ser devoradas por un monstruo verde que parece desear engullirlo todo -la naturaleza en su reconquista-. Y tenemos que remontarnos a Catoira, allí donde se unen la desembocadura del río Ulla y la Ría de Arousa, pues se trata del lugar de nacimiento de Alejandro Guillán, durante 1990, un músico que ha sabido aglutinar una visión muy de avanzada de la música electrónica a partir del procesamiento de elementos extraídos de una tradición regional centenaria.

En lo que hace Baiuca hay tanto una proyección de sentido global como el hurgar cada vez más a profundidad en las raíces tradicionales; por ejemplo, donde en su debut, Solpor (2018), se recurría al sampleo de instrumentos tradicionales y grabaciones añejas, ahora se trabajó directamente con varios músicos que tocaron ex profeso para concebir este tremendo Embruxo (Raso Estudios, 2021).

Para la decena de temas confeccionados se acudió al arsenal percusivo de Xosé Lois Romero -que se prodigó con su arte-, mientras que las flautas y las gaitas son de Cristian Silva -que hace lucir un bagaje musical ancestral-. Todo un trabajo de orfebrería sonora que suena como un pasado futurista tenía que contar con un flujo narrativo alimentado por múltiples referentes de la imaginería popular, como brujos y fantasmas, que se entrecruzan con personajes históricos que lucharon para defenderse de los ataques de normandos y piratas sarracenos.

No cuesta imaginar a Alejandro yendo hasta las Torres del Oeste, un conjunto fortificado del Siglo IX y que durante varias centurias resistió ataques constantes, para inspirarse. Todo en Embruxo ha sido un viaje… a través del tiempo y a lugares simbólicos para poder rastrear la historia gallega.

Una de las principales fuentes para construir el álbum fue el Museo do Pobo Galego, donde Guillán se topó con el cancionero popular galego de Dorothé Schubarth y se relacionó con el trabajo poético de Luis Amado Carballo, Curros Enríquez y Rosalía de Castro, entre otros autores. Tanto las historias populares, como los mitos regionales, le ponían delante a un entorno de magia y fantasía que debió de filtrar por un tamiz muy personal: “Es una mezcla de inspiración de estos poemas con las coplas y también ideas que se me fueron ocurriendo a mí, sin miedo a mezclar todo lo que me parecía interesante y sin tener por qué mantener una copla tal cual se conoce”, declaró a la Agencia EFE.

A continuación, fluyó el aspecto colaborativo, pues han desempeñado un papel principalísimo en el disco el grupo de pandereteiras y cantareiras (procedente de Miño) Lilaina, que percuten y cantan en 5 de los 10 cortes, enfatizando el acento de un proyecto que también explota los vasos comunicantes de la música más allá de las fuentes y elementos de los que provenga.

Es así que Embruxo no se guarda nada y comienza con “Meigallo” y una deconstrucción rítmica que hasta nos puede parecer un reguetón mutante y que en su letra aleja a las brujas utilizando ajos. Mientras que “Veleno” es cantada por Rodrigo Cuevas, otro heterodoxo de la tradición y reputada figura de lo experimental, que contribuyó decisivamente a que el tema haya impactado con fuerza a un público cada vez más amplio.

Baiuca ha organizado toda una fiesta percusiva -pletóricas en “Luar” y “Cortegada” y que se extiende de principio a fin del disco entregando además imágenes conmovedoras: en “Lavandeira” aparece la presencia fantasmal de una anciana que  limpia sus prendas durante la noche de San Juan, mientras que en “Conxuro” es un demonio el que se da vuelo tocando la pandereta (por su parte, Lilaina deja en claro que “en el infierno hay fiesta”).

Una poderosa e inspirada demostración de que en pleno siglo XXI los procesos de investigación contribuyen a crear una música electrónica que honra a la tradición, que exalta las culturas regionales para erigirse también absolutamente universal y sorprendente. Galicia se muestra como un territorio al que le viene bien la palabra inexpugnable… tanto en gastronomía como en música contiene una serie interminable de secretos deslumbrantes que no hacen sino dejar perplejo a todo tipo de paseantes -incluso los virtuales-.

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