¡qué gran año!-#PanDeOpio

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Autor: admin publiko 31 diciembre, 2020


El último tramo del año ha coincidido con la llegada, a cuenta nano gotas, de la salvación del mundo occidental.

La vacuna, lentamente, y con más fines propagandísticos de los gobiernos que efectos reales inmediatos en la sociedad, se ha distribuido a William Shakespeare, a algunos ancianos y a trabajadores públicos de la llamada “primera línea”, básicamente personal sanitario. Deberíamos hacer un llamado de atención sobre los de la vanguardia, cajeros de supermercados, guardas de seguridad de hospitales y vendedores de tacos en las calles , entre otros colectivos, que han hecho de su día a día laboral una moneda al aire. Vacuna para ellos ya.

El ultimo día del año, hoy 31 de diciembre, se suele dedicar al jolgorio, oficio del que el mundo está lleno, no ya de profesionales, sino de auténticos  especialistas, como nos demuestran los porcentajes de ocupación de los hospitales con pacientes Covid-19, en Europa y América, pasados siete días del 24 diciembre.

También, ya embriagados, suele haber un momento para la reflexión del año que se va y deseos para el que entra. Promete tener ese momento del 2020  una congoja, oculta o mostrada, pero generalizada.

El tajo a nuestra normalidad, producido por una nueva realidad de restricciones y temores, nos empuja al descontento. Pero el abrupto cambio oculta importantes logros para la razón, el individuo y la naturaleza que no se esperaba poder disfrutar de una manera tan rápida y nítida.

En apenas ocho meses una lección biológica nos da la oportunidad de ubicarnos en el porqué de nuestra existencia. Un virus maestro que nos recuerda cuán insignificantes somos, tan solo un accidente biológico cuyo único plan trazado es una entrada y una salida. Obviamente la angustia de un final sin prorroga es de un peso insoportable, pero al tiempo nos da una única responsabilidad, disfrutar en vida. Pero la enseñanza no acaba ahí. En plena expansión del individualismo al infinito virtual, un sonido de libro grueso sobre la mesa nos ha recordado el gran axioma: solo sabemos que somos humanos al tener enfrente otro ser humano. ¿Quién no cambiaría su incesable scroll en Instagram por estar pidiendo una copa en una barra atiborrada de otros cuerpos para una vez servido volver a un dance floor sudoroso?  El 2020 nos ha recordado que una comida solo es comida si va acompañada de una tertulia con otros seres humanos. De no ser así, alimentarse, debe hacerse de una manera “espartana” como escribió Walter Banjamin.

Si se elude la era vírica quizás disfrutemos de unos felices años 20. Los jóvenes que ya están en ello a pesar de los riesgos son la avanzadilla al paraíso lúdico. Ellos están exentos de las lecturas que nos deja el 2020, su arrogancia darwinista es más necesaria para la vida que un doctorado.

2020 al igual que ha removido el asunto humanístico, también ha potenciado el creativo. No se recordaba un mejor año sonoro en décadas. La creación de música experimental, jazz, electrónica, IDM, ambient, drone, neo clásica y otros géneros y sub géneros del made home no solo se ha aumentado exponencialmente en número, también en calidad. La creación musical alejada del postureo y surgida de las angustias del yo nos ha dejado discos memorables. como el de Saffronkeira y Paolo Fresu, In Origine The Field of Repentance,  un ejemplo postrero

La música por tener un canal de difusión mas inmediato que otras artes, ya nos da muestras de la cosecha exquisita del 2020. Seguro cuando se retome el ritmo expositvo de otras disciplinas, como las plásticas, apreciemos el vergel creativo que han sido los meses de este año que se acaba hoy. De salida el mundo de las galerías de arte se reinventado como otros sectores en lo digital , han visto a la luz catálogos que requerían horas de revisión y se ha apostado por lo colaborativo local más que por lo especulativo.

Pero quizás en lo que 2020 destaca realmente como un año de bonanza, es en el apartado destrucción.

Nos ha brindado este redondo guarismo la oportunidad de ver lo frágil de aquello y aquellos que se nos presentan como infalibles. El esperpento que la mayoría de los gobiernos planetarios occidentales han hecho intentando combatir el Covid, solo es comparable al auto indulgente actuación de la sociedad.

Que salvo honrosas excepciones, el manejo de los gobiernos de la pandemia ha sido devastador, la lista de pronósticos, por lo tanto promesas, incumplidas en cifras de muertos es la broma del 2020. Estos son los personajes que manejan el dinero de nuestros impuestos y en algunos casos la paz mundial. Superados por la realidad, los líderes polítcos, han actuado de manera barroca y excesiva, se han mostrados banales como una conversación de barra de bar, y sobre todo siempre arrogantes. Habrá quien aún confíe en ellos, pero será responsabilidad de cada uno, el 2020 ya hizo su trabajo revelador.

¿Y el más preciado de nuestros bienes, la salud? ¿Qué nos muestra este singular año?, a alguien le cabe duda ya que no existe negocio más absurdo y nocivo que el de la salud. Hospitales privados especulando tarifas, rechazando enfermos, médicos poniendo barreras infinitas para el cumplimiento de su labor profesional. Servicios públicos de salud rebasados, con escasez de medicamentos, teniendo que jugar a ser Dios y dar, a unos sí y a otros no, el debido tratamiento para salvar vidas. Pagamos continuos impuestos por mantener infraestructuras sanitarias públicas confundidas en su concepto, por lo que dan un trato de benefactores cuando se trata de servidores públicos. El que no se ponga en activo por la defensa de un servicio de salud pública, no ya digno, sino de alta calidad, tras la que está cayendo es porque es o muy necio o muy rico, ambos quedan exculpados. ¿Y la fe?, esa mágica palabra que solo es el deseo de que exista la buena suerte. La que exportó directo del Vaticano el Covid 19 a principios de año. Pues si algo es inútil en estos tiempos es la fé. Como todo periodo de miedo, enfermedad y muerte la suerte mística saldrá reforzada en adpetos. Pero, de nuevo, 2020 muestra que la fe para poco sirve frente a las evidencias. Un despiste pidiendo ayuda divina de más y se nos ha ido media parentesca de una sola celebración.

En lo más prosaico 2020 deja tambaleando dietas asesinas hasta ahora incuestionables, ¿es tan difícil comer con agua?, términos tan pretenciosos como vacíos de significados, ¿alguien quiere un coach?, pre juicios mas fruto de la envidia que del conocimiento, ¿era o no el home office una gran idea?

En lo vital 2020 frenó la gran plaga, la bomba de racimo humana, el turismo. ¿Son mejores o no las calles sin tanto turista? El parque temático global volverá pero por ahora disfrutemos de esencias perdidas entre tanta sonrisas y fotos vacacionales.

Imposible recordar en una sola columna todos los logros inesperados de este 2020. Dejemos para los historiadores, sociólogos, filósofos y, sobre todo, a cada individuo la responsabilidad de comprender, sacar provecho y agradecer tantas cosas ciertas que nos ha dado el 2020.

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