A un año del 19S; las heridas siguen abiertas

Autor: Publiko 19 septiembre, 2018


Por: Daniel Rocha

Hace un año se conmemoraba, como cada 19 de septiembre, el sismo de 8.1 grados en la escala de Richter que azotó la Ciudad de México en 1985, dejando más de 10,000 personas fallecidas. A las 7:19 se comenzaría a sacudir violentamente la tierra. Hace un año era el mismo día, la tarde iniciaba cuando a las 13:14 se sentiría un jalón trepidante que en pocos minutos provocaría el caos más grande visto en la Ciudad de México desde hace 33 años. Un nuevo terremoto, ahora con magnitud de 7.1 grados pero con un epicentro mucho más cercano, en Axochiapan, Morelos, irrumpiría en la capital y sus alrededores.

Era el mismo día, pero no la misma gente, ahora la mayoría poblacional estaba conformada por millennials cuyas familias habían experimentado en carne propia el terremoto del 85. Para abonar al terreno de las coincidencias, un par de horas antes de este nuevo sismo se había llevado a cabo un simulacro que muchos tomaron a broma, pero que bien o mal sirvió para repasar las rutas de evacuación y los puntos de repliegue.

Aunque el terremoto duró pocos segundos, la crisis apenas empezaba. Una vez más los ciudadanos rebasarían por la derecha al Estado ante su incapacidad para reaccionar ante un evento de esta magnitud. Nuevamente saldría a flote la corrupción, el abandono, el abuso y la humillación de las víctimas.

Una de las diferencias principales entre el sismo de 1985 y el de 2017 es que la ciudadanía contaba con herramientas tecnológicas que, en teoría, harían todo más fácil, aunque en diversos ámbitos el acceso a las redes sociales y la divulgación de información falsa o tergiversada provocó que el caos fuera mayor. En algunas estaciones de servicio montadas por civiles se acumulaban cantidades exorbitantes de agua, comida, material de curación o de protección, para quienes entraban a los derrumbes con la esperanza de participar en un rescate.

Twitter y Facebook fueron las redes más socorridas por los usuarios. La información corría segundo a segundo, con ubicaciones, necesidades, nombres, restricciones, actualizaciones, etcétera. Hasta cierto punto, las redes sociales fueron más dinámicas que los medios tradicionales, especialmente la televisión, que montó guardia en complejas estaciones de transmisión para comunicar en vivo lo que estaba sucediendo.

La vorágine de información fue tal que Televisa, en voz de Danielle Dithurbide, construyó minuto a minuto la historia de Frida Sofía, una niña que se encontraba en los escombros del Colegio Enrique Rébsamen, con quien los rescatistas habían tenido contacto e incluso recibido información de la presencia de más niños vivos bajo los escombros. El desconsuelo vendría al informar que tal niña nunca existió y todo se debió a un malentendido.

Muy lejos de los 10,000 fallecidos del terremoto de hace tres décadas, el del año pasado cobró la vida de 369 personas en los estados afectados, pero sumaron miles de personas que se quedaron sin hogar, quedando a merced de la burocracia. En decenas de edificios, los vecinos tuvieron que aprender a rascarse con sus propias uñas, a buscar ayuda entre la ciudadanía, pues hay lugares en los que hasta la fecha no se ha resuelto la situación. Incluso algunos fideicomisos resultaron ser fraudulentos, pues la ayuda recabada nunca llegó a los afectados.

Por otro lado, la corrupción también mató personas, pues hubo edificios dañados que no cumplían con las normas de construcción, a pesar de que tras 1985 se endurecieron para evitar otra catástrofe. Materiales débiles, cimentaciones mal hechas, pisos de más y un sinnúmero de fechorías fueron detectadas en el camino. Una vez más, el Estado fue incapaz de regular a sus propios empleados. Una vez más, rebasar por el acotamiento fue la mejor opción.

Al día de hoy la reconstrucción ha tomado forma para quienes tienen recursos, propios o donados, sin embargo hay personas que habitan las comunidades marginadas que aún no pueden ver la luz, pues su patrimonio se hizo pedazos y no ha habido nadie que les tienda una mano formalmente. A unos pocos, la iniciativa privada o colectivos ciudadanos les han brindado ayuda, pero la mayoría sigue en espera de una respuesta.

Cincuenta y tres menores de edad quedaron huérfanos tras el sismo. Aunque no se puede prevenir un terremoto, sí se pueden tomar precauciones, desde cualquier perspectiva, iniciando por la ciudadana. Ojalá esta segunda oportunidad le dé integridad moral a quienes en el pasado se aprovecharon de quienes serían víctimas después.

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