Corea del Norte, donde los edificios de colores iluminan el régimen de Kim Jong-un

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Autor: Angie Miranda 5 febrero, 2019


Hablar de Corea del Norte es pensar en leyendas que van desde lo absurdo a lo bizarro, u otras que rayan en lo aterrador… Y no es para menos, si tomamos en cuenta que es una nación que se rige bajo una estricta, polémica y hermética ideología comunista.

Poco es lo que realmente se conoce sobre Corea del Norte. La mayoría de los medios de comunicación lo pintan como un lugar temerario, en el que ocurren hechos fuera de lo “común”. Sin embargo, la mirada de la periodista y escritora argentina Florencia Grieco amplía la visión de un país colorido, que pese a sus normas, parece estar más cercano a una película de Wes Anderson.

Más allá de los enigmas, existe un “pequeño mundo globalizado” que con sus tonos pasteles y hermetismo atrajo a la reportera y la llevó a escribir su primer libro titulado: “En Corea del Norte: Viaje a la última dinastía comunista”.

En entrevista, cuenta que la travesía inició en 2008-2009, cuando se encontraba trabajando como editora del diario argentino Crítica. Años más tarde, motivada por un amigo, decidió emprender su primer viaje a un mundo totalmente ajeno y así comprobar el misterio que rodea a la República Popular Democrática de Corea.

Emprendiendo el viaje  

Ingresar a Corea del Norte no es nada fácil. Para ello se debe realizar una serie de pasos. Únicamente se puede entrar a Pyongyang desde Beijing, China; ahí te hacen entrega de los documentos requeridos para viajar: el pasaje  y la visa.

Puedes llegar a través de un vuelo que va de Beijing a Norcorea, en un viaje aproximado de dos horas, o bien realizar un traslado en tren de todo un día, que parte de la capital china a la frontera con Corea del Norte. El costo del viaje es de aproximadamente 80 mil pesos mexicanos, con estadía de una semana.

El viaje en tren permitió que Grieco pudiera admirar el paisaje que representaba el campo norcoreano, ahí se percató que éste era bastante fértil y rompió con la idea de un país miserable.

“La imagen de Pyongyang es casi la de una película de Wes Anderson con colores; bastante artificial, esa primera impresión que contradecía el sentido común sobre Corea del Norte”.

Se encontró con una Corea que alberga una gran ciudad, bastante urbanización, edificios altos, de colores, que le recordaban más a Europa del Este.

“No era la postal típica de lo que uno se construye. Mi primera impresión fue una contradicción con lo que esperaba ver  y con lo que realmente se veía.”

Al año hay sólo 4 mil visitantes occidentales, quienes llegan mediante agencias de viaje chinas que funcionan como intermediario con Pyongyang.

“Es un viaje controlado y organizado por el propio Estado, por lo cual no es un viaje independiente ni libre, está lleno de restricciones y con muy pocas libertades. Pero aún así te permiten ver mucho más del país de lo que uno imaginaría”, comenta.

Flor viajó por primera vez en 2015, en aquella ocasión tuvo la oportunidad de recopilar bastante información, pero le resultó insuficiente, por lo que decidió volver a dicho país. A su regreso trajo más de mil fotografías. Tomó la mayoría de éstas en el lugar y en el momento que quiso, a excepción de cuando le indicaron que no podía hacerlo.

“No se le puede tomar [fotografías] a edificios en construcción, a instalaciones militares y a personal militar. En cuanto a las fotos de los retratos de los líderes y estatuas no se les puede cortar la cara, debe salir la imagen completa. En el interior del país no se le puede tomar fotos a los bueyes que hacen el trabajo de arado en el campo porque consideran que esto podría mostrar una imagen pobre al mundo”.

Lee la nota completa aquí en k-magazine…

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