Mexicanallas: “dormirse” en transporte público

Autor: Publiko 2 mayo, 2018


Existen conductas propias del mexicano que encarnan una serie de antivalores que se han normalizado. ¿Qué es mexicanalla y por qué lo hacemos? Es el acto de burlar al sistema, o creer que lo estamos haciendo, cuando la realidad es que lo único que burlamos es nuestra propia dignidad, con tal de obtener un beneficio propio a costa o en perjuicio de los demás.

Existe un sinfín de tutoriales en la red en los que nos enseñan life hacks para hacer las cosas mejor o más rápido, pero cuando le añadimos el prefijo mexi la cosa se tuerce un poco, ya que el que emplea estos “trucos” no quiere hacer las cosas mejor, simplemente quiere no hacerlas.

Nuestra primer entrega corresponde a ese ataque de narcolepsia que le da a todo mexicano que tiene un sensor para detectar cuando alguien en el transporte público se acerca de más, como buscando el asiento. Si el que se acerca es un par no hay necesidad de hackear nada, pero si es alguien que culturalmente representa inferioridad (mujer embarazada, ancianos o niños), entonces se vuelve necesario cerrar los ojos y clavar el pico, así la otra persona pensará que no es por falta de civilidad que no cedemos el asiento, sino porque estamos profundamente dormidos y no nos dimos cuenta de la condición del prójimo.

¿Qué tan grave sería viajar las próximas dos estaciones de pie? Nada grave, sin embargo no tenemos el chip de la conciencia colectiva, creemos que ceder el asiento es signo de debilidad o de ingenuidad, cuando nada tendría de malo ceder el asiento ya no por el hecho de ser reconocido sino por el simple impulso de ayudar a alguien que en ese momento le podría dar un uso mejor que nosotros.

Ojo: tampoco creemos que la edad, el género o el estado físico sean una licencia para que la gente ceda el asiento automáticamente, pero precisamente ahí está lo torcido, deberíamos ceder el asiento si es que creemos que en ese momento alguien le puede dar un mejor uso, no por una cuestión de inferioridad y mucho menos no cederlo por un egoísmo absurdo de sentir que se pierde algo si te paras del asiento.

Aquí termina la primera entrega de Mexicanallas, compártenos tus historias en contacto@publiko.mx, a nosotros nos quedan muchas, muchas por contar.

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