Mexicanalladas: Denunciar un delito, misión imposible

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Autor: Publiko 30 agosto, 2018


Desde hace algunos años, el discurso de las autoridades en seguridad es insistir en que no pueden hacer nada para garantizar la paz de la ciudadanía si las víctimas no denuncian. Esta es una forma bastante cínica de decir que ellos hacen bien su trabajo pero lo que pasa es que la gente no se queja y como “al que no habla, Dios no lo oye” pues entonces los ladrones siguen haciendo de las suyas.

En un país que no está en vías de desarrollo, las autoridades se dedican a prevenir el delito con programas y estrategias que evitan que los ladrones hagan de las suyas, incluso evitando que se forjen nuevos ladrones. Sin embargo, en México somos partidarios de tapar el pozo después de que el niño se ahogó, así que siempre resulta más fácil echar culpas que tomar acción.

Si alguna vez has sido víctima de algún delito como asalto o robo de vehículo o extorsión o cualquier otro, sabes que al intentar denunciar quien primero intentará persuadirte serán las autoridades. El primer muro al que tendrás que enfrentarte son los policías preventivos, quienes te recetarán toda una letanía de lo lento que será el proceso, la cantidad absurda de información que deberás proveer para que se inicie la investigación, los procesos burocráticos que deberás atravesar, etcétera.

Si logras atravesar el primer umbral, llegarás al ministerio público, donde un funcionario de la barandilla te sugerirá que desistas porque seguramente el proceso tomará muchos días y además hay otras prioridades en ese momento, no sin antes insinuarte que si quieres que la pesquisa avance deberás dar un par de mordidas para que la gente haga su trabajo.

Después el camino es infinito, lleno de baches burocráticos, amenazas veladas de lo que te podría pasar si continúas, silencios y maltratos por parte de la autoridad. De pronto, un mal día decides que es demasiado el tiempo que has perdido y realmente lo material siempre regresa. Así que te miras al espejo y sólo te queda decir “al que obra mal se le pudre el tamal, allá ellos”. Tu caso se archiva y resulta que el problema no fue la denuncia sino la impunidad con que opera el sistema.

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