Marcelo y El Peje: Secreto en la alcaldía

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Autor: Publiko 13 febrero, 2018


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Durante la primera década del milenio, en la Ciudad de México, el sol salía para todos y andabamos de parranda.

 

Estaba tan bien la cosa que hasta nos levantabamos temprano a escuchar a nuestro jefe de gobierno: el siempre encantador Manual Andrés López Obrador, AMLO por sus sigla en inglés.

 

Los buenos tiempos no terminaron y cuando se nos fue el tabasqueño nos quedó Marcelo Ebrard, sofisticado hombre de mundo que continuó con la tradición local de hacer obra pública en beneficio de los desarrolladores inmobiliarios.

La cosa iba muy bien porque AMLO ya andaba en su segunda gira del adiós y Marcelito presumía que la Ciudad de México era como Paris.

Nuestro galán de toda la vida nunca ha sido bueno compartiendo la pantalla y pronto sintió una envidia corrosiva por Marce, que andaba triunfando en todos lados,  inaugurando lineas del metrobus y beneficiando constructoras a diestra y siniestra.

 

Claro que tanto éxito y carisma le dio confianza al alcalde que rápido se imaginó que podría ir por la grande y vivir en palacio. Finalmente, eso merece un Ebrard.

Dicen las jeans que “por la boca muere el pez” y en este caso tuvieron razón porque, cuando AMLO se enteró de que le querían competir la candidatura, se puso a las vivas.

La cosa se puso fea pero lo resolvieron rápido en un café, porque el amor puede más que la ambición. Marcelo aceptó quitarse del camino a cambio de absolutamente nada y dejó que el tabasqueño fuera la más bonita de la fiesta.

(AMLO en 2012)

 

Todo iba bien hasta que Miguel Ángel Mancera llegó al gobierno de la ciudad. #MM le dió el tiro de gracia a Marcelito porque, aunque buen alcalde, resultó mal ingeniero: la línea 12 del metro salió carísima.

 

Esta es solo una más de las desgarradoras historias de amor que se dan en la política mexicana.

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