¿Qué pasa con el cerebro de un alcohólico cuando deja de beber?

Autor: Publiko 5 junio, 2018


El alcoholismo es una adicción psicológica y física. Entre otras cosas, algo que hace el alcohol tan adictivo es su relación con la dopamina, el neurotransmisor causante del placer, la relajación y la felicidad.

Poniéndonos científicos:

Como muchas drogas, el alcohol estimula la producción de dopamina. En los alcohólicos, esta respuesta se ve significativamente reducida y de ahí proviene la necesidad de beber cada vez más para poder sentir la activación de la felicidad. La reducción de los niveles de dopamina se denomina hipodopaminergia.

En investigaciones con cerebros de alcohólicos muertos, los científicos encontraron que en el tejido había menos receptores D1, un pedazo de membrana al que la dopamina se une provocando que la neurona se estimule. Dicha reducción provoca que la respuesta del cerebro a la dopamina sea menor.

Además, tienen menos transportadores de dopamina, lo que provoca que la dopamina que el cerebro no usó no pueda absorberse ni reciclarse. Por otro lado, los receptores que inhiben el efecto de la dopamina, llamados D2, no se reducen, lo que deja al cerebro con mucha inhibición de felicidad y cero uso de ella. Eso explica porqué el alcohólico busca constante estimulación.

Al hacer experimentos con ratitas alcohólicas (qué mal pedo), notaron que, en los primeros seis días de abstinencia, los niveles de dopamina se reducían, pero los receptores y los transportadores de la sustancia funcionaban normal.

Sin embargo, tres semanas después, pasó lo contrario: los niveles de dopamina volvieron a aumentar, pero el número de receptores y transportadores se desplomó, así que la dopamina se quedó en los espacios entre neuronas sin ser utilizada.

Al final, los investigadores concluyeron que la abstinencia inicial provoca un estado de hipodopaminergia, pues no se produce dopamina suficiente, pero la abstinencia prolongada provoca hiperdopaminergia, pues produce dopamina en exceso para un cerebro que no puede aprovecharla. Ambos estados causan una disfunción que viene acompañada de episodios depresivos crónicos, paranoia y cambios radicales de humor, lo que hace al individuo vulnerable a una recaída.

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