La cultura de la violación, un tema común

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Autor: Publiko 8 mayo, 2018


Recientemente hemos escuchado mucho el término “cultura de la violación”. Surge de manera constante cada vez que un ataque sexual se hace viral, pero, ¿sabemos de qué se habla?

Se trata de un concepto que sólo puede definirse de manera global: la violación es un problema social y se habla de una cultura cuando, se normaliza, se aceptan actitudes y se culpa a las víctimas de manera sistemática.

Esta cultura no escapa fronteras. Un último ejemplo es el caso de “La manada”, en San Fermín, España, en el que cinco hombres violaron  a una joven de 18 años. Después de un juicio muy público, los acusados salieron con una pena mucho menor a la esperada, debido a que no fue considerado violación, sino agresión sexual, ya que la víctima “no se defendió”. No importó que fueran cinco hombres contra una chica, que previamente otra víctima sí se había defendido y fue asesinada a sangre fría. Miles de personas tomaron las calles en contra del veredicto y eso comenzó una muy necesaria discusión acerca del machismo que invade al criminal, al juez y a quienes aún, en pleno 2018, revictimizan.

La cultura de la violación parte desde la objetificación de la mujer; ver a la mujer como una propiedad, no un ser humano. Como propiedad, la mujer debe estar al servicio de su dueño. De otra forma, es forzada y pase lo que pase, habrá grandes porciones de la sociedad que culpen a la víctima. Ojalá existiera más empatía.

Bajo esta cultura, las mujeres sentimos miedo. A veces lo tenemos tan normalizado que no nos damos cuenta. Nos da miedo caminar de noche a nuestras casas, nos da miedo soltar nuestra bebida dos minutos para ir al baño, nos da miedo subirnos al metro en hora pico, nos da miedo salir en falda, nos vemos limitadas a diario por el miedo. Nos da terror que nos violen o nos maten y por si fuera poco, seamos culpadas por ello. Porque no deberíamos salir de noche, no deberíamos vestirnos así, ni deberíamos estar bebiendo.

Los Porkys, ese otro grupo de violadores en México que hace varios años tomó notoriedad a nivel nacional, siguen sin ser castigados por la justicia. ¿No debería parecernos extraño que haya tantas similitudes en estos casos? Grupos grandes de hombres que atacan a una mujer simplemente porque pueden. Quienes están a cargo de impartir justicia, bajo ideologías altamente machistas, no han hecho el trabajo correspondiente, no han establecido que las consecuencias de estos actos deben ser tan graves como el acto en sí.

No responsabilizar al violador es perpetuar la cultura de la violación. Más allá de ser sus esposas, hijas, hermanas o madres, somos humanas y merecemos vivir tranquilas. Merecemos justicia cuando somos víctimas y no necesitamos juicios de valor basados en una cultura en la que no somos más que un objeto desechable.

¿Cómo podemos mejorar? Empecemos por dejar de culpar a las víctimas, por respetar a la mujer como ser humano y educar a nuestras nuevas generaciones con un “no significa no”, más que un “cuídate, eres mujer y te pueden pasar muchas cosas”. Aún hay mucho que aprender. Esto es lo mínimo.

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