Sororidad: el lazo que une a las mujeres

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Autor: Publiko 18 marzo, 2018


Por: Sofía Balbu

La escritora Natalia Ginzburg decía en su famoso ensayo “A propósito de las mujeres” que lo que tenemos en común las mujeres es la tendencia a caer en algo que ella llama el pozo. Nuestra forma de habitar el mundo está siempre mediada por un cuestionamiento a nosotras mismas. A lo largo de nuestra vida luchamos contra un impulso que, inculcado histórica y culturalmente, nos orilla a poner en duda nuestra propia subjetividad. Al pozo se debe esa especie de depresión que nos ataca cada dos por tres y nos deja tiradas en la cama, llorando y preguntándonos qué sentido tiene nuestra vida y qué hacemos con ella.

Ginzburg nos piensa como conjunto y la palabra ‘sororidad’ nos designa de la misma manera. Este término, tan de moda, es un anglicismo y podemos rastrear su origen en las fraternidades de las películas gringas. En su inglés original, Sorority se refería a las fraternidades estadounidenses de mujeres.

El lenguaje feminista se está construyendo a medida que la lucha avanza y que se visibilizan las formas de violencia que hasta no hace mucho estaba recluidas en el silencio. Una violación no es solo una agresión brutal, que sucede en la madrugada, cuando una mujer es golpeada y abusada sexualmente por un extraño. Los maridos violan cuando le insisten a sus mujeres para tener sexo a sabiendas de que en ellas no hay deseo, los novios violan cuando hacen lo propio. Este término, que designaba una forma demasiado específica de violencia, se redefine para denunciar que una violación sucede cuando dijimos que no y nuestra negativa no fue tenida en cuenta. Esta arena de conflicto devela que las formas en que la violencia patriarcal opera sobre nuestros cuerpos están normalizadas.

Sororidad entonces podría definirse como: solidaridad y mutuo reconocimiento entre mujeres. Un término que designa y crea un mundo en donde sólo caben las mujeres. La posibilidad de reconocernos como un conjunto que es a la vez tan diverso como cada una de las partes del todo. Cuando tomamos conciencia de la existencia de nuestras subjetividades, nos fortalecemos.

La pelea no es siempre a la defensiva; en el lenguaje también se construyen estrategias para poder nombrar lo que hacemos y somos. Inventar una palabra para hablar de nosotras como espacio colectivo es una forma de nombrarnos para reconocernos, aún en el desacuerdo.

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