Qué nos deja el MeToo, ¿la atención debe estar en las denuncias falsas o en la sociedad machista?

Autor: Armando Garcés 2 abril, 2019


En México tuvo que ‘dormir’ un rato el MeToo (aunque no los abusos, violaciones, ni feminicidios), para que despertara con más fuerza, ya que el movimiento surgió desde 2017 tras las acusaciones contra el director y productor de cine Harvey Wienstein.

 

En marzo de 2019, un grupo de 10 mujeres que fueron violentadas por el escritor Herson Barona, decidieron denunciar en Twitter a su ofensor, tras lo que se desataron como en efecto dominó, miles de acusaciones y denuncias anónimas a través de distintos perfiles que fueron abiertos con tal fin, dar voz a las mujeres que han sido violentadas.

Se creó al menos un hashtag por cada gremio o profesión cuyos miembros tienen estas prácticas. #MeTooEscritoresMexicanos #MeTooFotógrafosMexicanos #MeTooMúsicosMexicanos #MeTooPeriodistasMexicanos #MeTooAcadémicosMexicanos

Este fenómeno que protagonizan las mujeres tuvo un punto de quiebre en la opinión pública y el debate que se formuló en redes sociales, tras el lamentable suicidio de Armando Vega-Gil luego de ser denunciado por el abuso sexual de una menor de 13 años, tiempo atrás.

El músico fundador de Botellita de Jeréz publicó una carta de suicidio en su cuenta oficial de Twitter en la que emitió unas palabras sobre lo ocurrido e intentó pedir que no se culpara a nadie por la decisión personal que él tomaba, recalcó que era inocente, pero que apoyaba el surgimiento de este tipo de visibilizaciones.

“Hacer una denuncia pública implica muchísimo valor, porque no sólo es revivir la agresión, es enfrentarse a una gran parte de la sociedad que la hará sentirse culpable una y otra vez por ‘haber permitido’ cualquier tipo de violencia, como si esta haya sido su responsabilidad” –Carol Santana, periodista

La opinión publica se bifurcó entre los que vieron fortalecidos sus argumentos con la muerte del músico, para atacar al feminismo y al MeToo, y quienes llamaban a no acusar o responsabilizar a la chica que le denunció, o al feminismo ni al movimiento.

En lo personal creo pésima la oportunidad que vió Vega Gil para concluir un suicidio que posiblemente había pensado antes, volviéndose así un intento de mártir de los pobrecitos hombres que están siendo cazados en redes sociales.

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¿Y las denuncias falsas?

Hablar de denuncias falsas como foco en este asunto sólo demuestra que no se entiende la situación de las mujeres y la violencia de género en la que viven inmersas.

¿Recuerdas a tu abuelo disque halagando, pero en realidad haciendo sentir incómoda a la secretaria de la oficina a la que tuvieron que ir? O ¿a tu amigo que empedó a tu supuesta amiga sólo para tener relaciones con ella?

 

La realidad es que los acosadores viven entre nosotros, son padres, hijos, abuelos, tíos, primos, novios, amigos, compañeros de clases, de trabajo o de taller.

 

Es verdad que las denuncias falsas son posibles, tendrían motivación y repercusiones que llevarían a alguna persona a denunciar falsamente a algún individuo, incluso un hombre desde un perfil anónimo podría mandar una denuncia anónima para que esta fuera publicada y dañar en sus entornos sociales al acusado, sin embargo, estos casos son los menos y no invalidad lo legítimo y necesario del #MeToo.

El número exacto de denuncias falsas resulta casi imposible de cuantificar, sin embargo, los datos con los que sí se cuenta es con la cifra de 99 delitos sexuales por día en México, el número de feminicidios perpetrados al día: 9.

Eso es lo que sí se puede saber, siendo innecesario ver estadísticas cuando lo único que hace falta para ver la lógica en esta crisis de violencia de género es entender a la sociedad patriarcal y machista en la que habitamos con total normalidad.

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Pero, ¿qué nos debería dejar esta experiencia con el #MeToo?

En el país se viven violencias estructurales y sistemáticas hacia las mujeres, que van desde la familia y cómo la entendemos, hasta toda la red que construye el tejido social, pasando por instituciones, a la moral y los valores.

Para la mayoría de las personas estas violencias pasan desapercibidas, o bien porque son hombres y han vivido dentro de su burbuja de privilegios, sin pensar empáticamente lo que las mujeres tienen que enfrentar o también pueden ser mujeres que gozan de algún tipo de privilegios, porque no es lo mismo ser una mujer indígena ante el mundo, que ser una mujer blanca con dinero.

Entonces esta experiencia nos debería dejar pensando en nuestra posición en la sociedad y en los cambios que hacen falta para impedir que estas violencias sigan ocurriendo. Te identifiques como te identifiques, tienes trabajo que hacer entendiéndote a ti mismo y al lugar donde te tocó vivir, deconstruirte cada vez más para evitar la normalización de violencias súper injustas para todas y todos.

 

 

¿Por qué MeToo?

El surgimiento de esta iniciativa responde a una ausencia del Estado y del mismo Derecho en la labor de proteger a las mujeres, de darles las mismas oportunidades, tratos y expectativas; e incluso la carencia de garantía en acciones fundamentales y la protección de sus derechos humanos, que para muchas en la realidad no existen.

Entendiendo este panorama resulta consecuente y admirable la postura y el atrevimiento de mujeres que hartas de ser agredidas, menospreciadas, violadas y asesinadas, deciden alzar la voz y señalar a quienes impunemente han abusado de ellas.

 

De esta manera, las denuncias en redes sociales llenan un vacío social del cual ninguna autoridad o institución se había querido encargar. Las mujeres en una demostración de su autonomía, y pasando encima de los poderes de gobierno y sus legitimados mecanismos de justicia, hacen un llamado a la visibilización y concientización de la sociedad donde vivimos.

Así como una sanción social, para aquellas personas que impunemente dañaron o permanecieron dañando a mujeres a lo largo de su vida.

Hace falta cambiar las leyes para que salvaguarden los intereses, integridad y dignidad de las mujeres, así como falta la implementación de protocolos en empresas privadas para atender a las víctimas y ofensores en estos casos. Debería existir la capacidad institucional de prestarle atención y brindar seguimiento a las denuncias, así como facilitar el tramite de denuncias formales con las instituciones del Estado encargadas de impartir justicia.

Un cambio en el sistema educativo que plantee una educación libre de machismo, que nos enseñe a no juzgar ni echar la culpa a las víctimas, que enfrente este tipo de prácticas y ayude a generacionalmente cambiar como sociedad a una libre de violencias de género.

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