Trágame treintas: caídas desde el tercer piso Parte 2

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Autor: Publiko 26 febrero, 2018


Seguro recuerdas lo horrible que era pasar por un momento vergonzoso en tu adolescencia y lo reconfortante que era leer los de otras chicas en la revista Tú. Con la edad, la vergüenza solo empeora. Aquí te dejamos tres historias para sentirte acompañada en esta cosa llamada vida:

SEND NUDES

Iba al cine con mi mamá en el asiento del copiloto. Recibí una nude de mi fuck buddy. Mientras admiraba la imagen, mi mamá subió la ventana de mi lado, miré a mi derecha y noté que el gran pito en mi pantalla se reflejaba en el vidrio de la ventana y, sí, mi mamá lo estaba viendo fijamente. Quiero decirles que NO hay forma de salir de ésa. YA SIGAMOS CON NUESTRA VIDA, NO HAY NADA QUE VER AQUÍ. PERDÓN MAMÁ, TE AMO. SOY UNA CERDA, ME QUIERO AVENTAR DEL AUTO ALV.

@soylajey

Mi primera fiesta Godínez

Hace un tiempo, una de las empresas para las que trabajo me invitó a la fiesta de fin de año. Era la primera vez que convivía con toda esa gente. Hubo cena y alcohol… mucho alcohol. Recuerdo pocas cosas después de que salí del baño con el vestido metido en los calzones. En mi siguiente visita a la empresa, por cuestiones de pagos, los colegas que conocí esa noche (y no recordaba) no dudaron en contarme cómo vomité primero en la puerta y después en el auto del chico que me llevó a casa, cómo cogí en el baño con otro wey que acababa de conocer, cómo regalé una botella que no sé de dónde saqué y, básicamente, cómo saqué mi preparatoriana interior en un lugar lleno de adultos responsables.

Anónima, 30

Mi boda roja

En mi boda perdí todo el glamour. Terminé tirada en el piso, abrazando el retrete mientras vomitaba, con una dama haciendo lo propio en el retrete a mi derecha y otra, con solo una de sus pestañas postizas aún en el ojo, vomitando en el lavabo. Me estaba bajando y, según me cuentan, no me percaté de que mi blanco vestido se estaba manchando y no estaba en condiciones de hacer algo al respecto. Así que entre dos damas me sostuvieron de los brazos, una levantó mi vestido para que otra se introdujera entre mis piernas y me cambiara el tampón. Mi esposo tuvo que sacarme cargando y mis invitados se quedaron a festejar sin nosotros. Mi boda de ensueño.

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