Chava Rock, el reportero más noble del rock mexicano

Autor: Publiko 27 marzo, 2018


Los movimientos culturales tienen protagonistas que nunca vemos sobre un escenario, en la portada de un libro o en una marquesina. Héroes sin capa que aceitan el complejo engranaje de cualquier corriente artística. Chava Rock es uno de esos personajes, sin él y otros tantos sería imposible entender al rock mexicano.

Este hombre bajito, de bigote y melena se ha encargado durante más de tres décadas de recorrer conciertos, festivales, ensayos, firmas de autógrafos y cualquier evento relacionado con rock. A partir de ello, ha reporteado para distintos medios nacionales e internacionales todo lo que sucede en la escena. Es compa de las bandas y también de sus escuchas.

Chava Rock es una de esas personas que nació para contar historias desde adentro. Es un melómano que escribe para melómanos y rockeros. “El rock es mi tipo de sangre”, dijo en una entrevista.

Amante de los festivales, desde Avándaro hasta el Vive Latino, viaja con su mochila llena de herramientas para hacer periodismo digital para las nuevas plataformas. Esta es quizá una de sus más grandes virtudes como periodista: adaptarse al entorno. No anda rodeado de una producción gigante, le basta su cámara para recorrer en primera persona las entrañas del rock nacional.

Tristemente, aunque él le ha entregado su vida a la música, esta vez le tocó bailar con la más fea, pues en la más reciente edición del Vive Latino le robaron todo su equipo, a pesar de que estaba resguardado en una zona exclusiva para medios de comunicación. No hay nada de bueno en que te roben tus herramientas de trabajo, pero Chava Rock nos dio una lección de calidad humana con esta carta que le escribió a su victimario:

 

CARTA ABIERTA

Pues no apareció mi equipo.

A quién lo haya tomado porque confundió la mochila con alguna de las suyas (porque me niego a creer que se metieron a un cubículo de medios exclusivamente para robarse la maleta que estaba cercana a la puerta) le pido por favor:

– Cuidar la cámara Canon, con lente extra, con ella he retratado parte del rock en nuestro país los últimos cuatro años. Hace tiempo la olvidé en un taxi y días después el taxista me la regresó, la olvidé una vez con mis carnales de Grita Radio y en seguida me llamaron para regresármela. La cámara es muy noble, ya viajó a Sudamérica varias veces y siempre aguantó los cambios de clima, altura, escenarios, etc. Cuídela, por favor.

– Tuvo suerte, va con dos pilas extra, para que pueda tomar fotos y videos durante horas y horas. También lleva dos tarjetas para grabar 128 GB de video y fotos. Disculpe que no lleve flash, nunca lo uso, sólo el integrado. En su lugar lleva un porta celulares, por si quiere hacer transmisión en directo por redes sociales al mismo tiempo que usa la cámara.

– Va un chaleco de foto conmemorativo del Vive Latino, también una playera Mescalito, que por cierto lleva parte de mi sudor, disculpe, si la lava, por favor que sea al revés y no la deje mucho tiempo secando bajo el sol, no importa que la lave con agua fría o caliente, la tela aguanta.

– También van varios cables, cargadores, power bank, tripies pequeños, palo de selfie y demás materiales extras para celular, cuídelos, son rete útiles.

– A la mochila no le dé mal trato, la quería mucho, la compré en el Hard Rock hotel de Puerto Vallarta, estaba chida. No la llene de caguamas, por favor, no sabe cargar drogas.

– La maleta y estuches de la cámara ya están muy madreados, pero no por gusto, sino por tanta chamba, le entraban con fe al slam, aguantaron lluvias, temblores y muchas inclemencias.

– Se llevó cargando también como veinte revistas Mescalito, no sea gacho, quédese con una y las demás regálelas, o déjelas en un parque, seguro habrá alguien que lo agradecerá.

Pero mi recomendación más importante, es que le dé un buen uso y si algún día se arrepiente de no haber buscado al dueño de todo esto, no se preocupe, disfrutemos que usted y yo tenemos salud y que la vida sigue, por fortuna no tuvo usted que empuñar un arma para obtener todo esto, afortunadamente yo no tuve que recibir una madriza para entregar todo esto. Así que viva el rocanrol.

Gracias por su atención.

No queda más que decir: ¡Qué grande, Chava Rock!

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