Mexicanalladas: Microbuseros

Autor: Publiko 24 septiembre, 2018


Los mexicanos nos hemos acostumbrado a vivir en una jungla sin ley y quizá haya pocos ejemplos que conjuguen todo lo malo de nuestro sistema en un mismo fenómeno. Justo eso sucede con los microbuseros de la Ciudad de México.

Como pocos, este gremio encarna las conductas más violentas y arbitrarias de la sociedad. Empezando por su naturaleza de concesión, que en teoría debería ser regulada por el gobierno para que en caso de no prestar un servicio adecuado fuera revocada. Sin embargo, esas concesiones se han vuelto motivo de cacicazgos y líderes que lejos de preocuparse por los usuarios, se preocupan por no perder sus concesiones a punta de amenazas y negociaciones políticas.

La camarilla transportista se ha metido hasta la cocina del gobierno, han tenido diputados, senadores y hasta secretarios en la administración local. Son un grupo sin reglas, sin escrúpulos y sin identificación.

Esta plaga necesaria se ha adueñado de las calles de la ciudad, convirtiendo cualquier espacio en una nueva parada para bajar o subir pasaje, sin importar, literal, si están en los carriles centrales de Periférico (lugar en el que por reglamento no pueden estar). Además de estas paradas arbitrarias, tienen la capacidad de inventarse rutas como se les antoja. Cuando te subes a un microbús sabes cuál es el punto final de la ruta, pero nunca sabes por dónde pasará, ocasionando que quizá tengas que desviarte varias cuadras de tu destino nada más porque al chofer se le metió el Waze en la cabeza y se le hizo buena idea ponerse a explorar un nuevo camino.

Aunque las autoridades se hacen de la vista gorda y cada que hay un accidente ponen medidas burocráticas como pasar revista o retenes con dos policías, los usuarios bien saben que no existen dos unidades iguales en toda la ciudad. Algunos cambian la disposición de los asientos, la iluminación, los colores, la música, las estampas, etcétera. Esta permisividad que llega a niveles absurdos, como permitirles circular sin placas, provoca que no haya forma de identificar a los microbuses y mucho menos a sus choferes, que gozan de total impunidad.

Si alguna vez has tenido la mala suerte de estar involucrado en un accidente que involucre a un microbús, sabrás que lo primero que hace un chofer es bajar con ganas de amedrentar al automovilista, aun si el golpe fue su culpa. Si de plano no pudo zafarse y su bat no rindió frutos, llamará a su seguro (si es que tiene), representado por un ajustador que te hará perder un día entero en el MP si es que quieres que te paguen el golpe.

Estos malandrines al servicio de la ciudadanía recorren cualquier calle a toda velocidad con tal de ganarle el pasaje al que va adelante. Si alguien les diera una lección básica de física, sabrían que eventualmente los dos llegarán al mismo punto y no tendrían que competir por el pasaje. Esta es sólo una de las múltiples violaciones que cometen al reglamento, además de pasarse los altos, saltarse camellones, dar vueltas prohibidas, estacionarse en doble fila, etcétera. Como respuesta, la policía de tránsito con disposición de invertir su día en extorsionar motociclistas, verá pasmado cómo es que en sus narices los microbuses hacen y deshacen las normas.

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