Saliendo del clóset feminista

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Autor: Publiko 3 marzo, 2018


Todo empieza cuando te das cuenta de que has sufrido cosas por tu género. A los diez años un señor me embarró el pito en las nalgas, a los doce años unos tipos me gritaron obscenidades y me persiguieron, a los quince me dedearon en el metro.

 

¿Por qué mis amigos hombres no tenían que preocuparse por esas cosas? “Me gustaría ser mujer”, me decían, “sería bien puta, haría lo que quisiera”. ¿De verdad tenían idea?

Yo creía en el trato igualitario, pero era de ésas que decían: “No soy feminista, solo creo en la igualdad”. Esa idea errónea de que el feminismo es igual al machismo. Era muy joven, no sabía nada. Luego entré a la universidad y conocí el verdadero feminismo. Leí a Susan Sontag, Simone de Beauviour, los cuentos de Alice Munro, las novelas de Margaret Atwood. En realidad, conocí el feminismo a través de la literatura y lo entendí. “Soy feminista”, me dije a mí misma con cierta sorpresa.

Después se lo dije al mundo. “Me cagan las feministas. Se victimizan todo el tiempo, creen que el hombre es un enemigo”, me contestó alguna amiga cercana después de compartirle mi postura. Me hizo dudar, ¿en serio quería nombrarme feminista con todos esos prejuicios encima? Entendí que la palabra feminismo es un palo en el culo para mucha gente, hombres y mujeres por igual.

No, no odio a los hombres. Tengo un hermano, un padre y un abuelo que amo. Me he enamorado de hombres maravillosos. Solo me queda claro que el trato que recibo por ser mujer es muy distinto, y no me gusta. Amo ser mujer. Y de pronto amé ser feminista. En ese mundo encontré un cobijo que no veía afuera. Sororidad, le llaman, y es algo hermoso.

Cuando salí del clóset del feminismo recibí mil ataques y perdí “amistades”. Me juzgaron, me llamaron intolerante, me atacaron. Pero también conocí a un hermoso grupo de mujeres que me acompañó en el proceso y me hizo ver que estaba en lo correcto. Habíamos pasado por lo mismo y luchábamos por lo mismo.

 

 

Me propuse estudiar el feminismo para saber si en teoría era lo mismo, si las redes sociales tenían razón o no. Llevo diez años estudiándolo y cada vez me es más fácil decir: soy feminista. Lucho por lo que creo y no estoy equivocada.

 

El feminismo es difícil porque significa ponerse unas gafas púrpuras que te permiten ver la injusticia con más claridad. Pero, sin duda, lo más difícil es salir del clóset, decirle al mundo: “Soy feminista porque creo que merezco los mismo privilegios que un hombre”. En mi experiencia, todo radica en que te valga madres lo que piensen al respecto.

 

 

Es tu lucha. Siéntete orgullosa de ella.

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