Trágame treinta: Caídas del tercer piso

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Autor: Publiko 4 abril, 2018


¿Te acuerdas cuando eras una adolescente y te pasaban cosas bien vergonzosas y decías: “trágame tierra”? Resulta que ya crecimos y nos siguen pasando las mismas pendejadas y peores, sólo que ahora en ambientes más serios y se siente bien horrible. Aquí algunas cosas que nos compartieron unas treintonas valientes:

  1. El chico del Uber

Después de meses de insistirme, por fin accedí a salir con un chico. Fuimos a cenar y después a su casa al Netflix and chill. Nos quedamos dormidos y, de pronto, me despertó a las 2:00 am diciéndome: “Te voy a pedir un Uber. Roncas mucho y muy fuerte”. Y lo hizo. Me pidió un Uber, me fui a mi casa y dormí sola, sin que nadie me molestara por mis ronquidos.

Anónima, 32 años

 

  1. Zapatitos nuevos

Me había comprado los zapatos más lindos y los estrené para ir al trabajo. Volví a mi casa y ese día iba a ir mi suegra a comer. Cuando entré, no me di cuenta de que ya estaba ahí. Me quité los zapatos en mi cuarto y tenía los pies sudadísimos, olí los zapatos, hice cara de asco, empecé a quitarme la mugre que se me había acomodado en los pies y, de pronto, veo a la suegra parada en la puerta viéndome con genuino asco y tapándose la nariz porque hasta allá llegaba el olor. Me paré a saludarla, con la vergüenza y en nervio total, le iba a dar la mano, pero sólo le dio más asco y a mí también. Todo estaba mal, no sabía qué hacer, así que sólo le dije: “Me voy a bañar. Póngase cómoda”.

Anónima, 30 años

 

  1. Somos de donde lloramos

Leí esa frase en Twitter hace poco. Un sábado, el Museo Nacional de Arte se convirtió en mi lugar. Lloré mientras recorría el lugar. Cuando por fin me tranquilicé, decidí irme. Traía un vestido de flores y caminé por un tianguis de cómics que está justo encima de un respiradero del metro. Como era de esperarse, el aire levantó mi vestido y terminé enseñándoles los calzones a todos los fans de cómics de la zona. Fue entonces cuando el tianguis de cómics se convirtió en mi segundo lugar. Lloré poquito por dentro y me fui caminando bien rápido. Le escribí a mi mejor amiga buscando consuelo y, como la mejor amiga que es, me lo dio: “Hey, por lo menos usas calzones chidos y que cubren bien el asunto, ¿no?”

Nelly, 31 años

 

  1. La visitante

Mi crush europeo vino por un asunto de trabajo y me dijo que fuera a verlo a su hotel. No lo había visto en un año y me puse el vestido más sexy que encontré, taconazo, maquillaje, pelatzo, y llegué en diva al lobby. Acaparé miradas y empecé a ponerme muy nerviosa, no encontraba el elevador y todos me veían con curiosidad. Caminé en círculos, literalmente, varias veces sonriendo leve como si supiera lo que hacía. Me tropecé con el tacón, casi me caigo, cada vez más nerviosa, cada vez más miradas encima, así que corrí con uno de los empleados del hotel y le dije: “Disculpa, ¿dónde está el elevador?” Me preguntó a qué habitación iba. Le dije el número de habitación y me dijo: “Claro, uno de los chicos que vienen de España”. Me dio la indicación y lo escuché decirle a su compañero a lo lejos: “¿Será de la misma agencia de la que vinieron con los otros? Se ve un poco más inexperta”. Sí, pensó que era prostituta/escort. Ni hablar. Caminé en perra hasta el elevador y me preparé mentalmente para la salida. Iba a ser peor.

Anónima, 30 años

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